Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 17 de septiembre de 2008
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Sin cintura política
Manuel Calleja
No tenga muy claras las causas pero desde hace unas semanas he estado recordando uno de lo más lamentable episodios que el ex Presidente, José María Aznar, dio en el Congreso de los Diputados durante sus ocho años al frente del Gobierno de España. Siete agentes del CNI habían sido asesinados en una emboscada en Irak. Se demostraba que Irak no era esa región agropecuaria que Federico Trillo describió. El ambiente periodístico y político estaba expectante ante la comparencia del Presidente del Gobierno ante la cámara. Se esperaba una sesión convulsa como no se recordaba otra y la audiencia televisiva se disparó durante aquella tarde. El discurso de Aznar fue comedido (rompiendo las expectativas) y fue respondido unánimemente por la oposición con el mismo tono. Por un momento pensé que la sesión del Congreso iba a mostrar un sentido de Estado y de la responsabilidad, independientemente de las posturas divergentes que toda la oposición mostraba ante el apoyo que el gobierno de Aznar dio a la Guerra de Irak. Pero tanto sentido de Estado y tanto comedimiento le debió parecer excesivo al temple de Aznar. En su réplica a la intervención de los portavoces de los grupos sacó lo peor de sí, que no es ni poco ni leve. Llegó a decirle a la oposición que "querían muertos y allí los tenían". Aznar demostró que no tenía ni cintura política y, lo más grave, que no tenía criterio ninguno para conocer y saber adaptarse a las circunstancias cambiantes. Él esperaba intervenciones tempestuosas de la oposición y a pesar de no darse éstas, siguió con su guión porque no sabía ni podía hacer otra cosa. De todas maneras hay que reconocer que esta falta de capacidad política no es privativa del ex Presidente Aznar. Hay otros políticos que padecen los mismos errores que Aznar, incluso sin pertenecer a la misma formación. Hay quiénes hablan independientemente de lo que han dicho los que les han precedido en el uso de la palabra. Bien podrían no haber hablado porque ellos largarán su intervención llena de resentimiento, desprecio y mal tono. Estos políticos demuestran poca inteligencia personal y política. Rápidamente se ganan la desaprobación general, tanto de los ciudadanos como de los medios. La desaprobación unánime de los muy fragmentados e ideologizados medios españoles de cobertura nacional es todo un mérito. Un gran mérito porque muy mal se tiene que hacer para que todas las tendencias y posiciones coincidan en decir que lo has hecho rematadamente mal, que has hecho el ridículo y que has deshonrado a quienes pretendes representar. Esos políticos se suelen consolar y engañar con el abrazo y la felicitación de sus compañeros que se han deleitado con la bronca fácil y contraproducente. Una felicitación que se diluye al comprobar como los periódicos y las radios, de Madrid y de Barcelona dicen que ese compañerote no vale nada y aporta menos. La libertad de información y de expresión tienen la ventaja de que nos podemos enterar directamente de las cosas de la capital del Reino sin que tengamos que creernos la versión unilateral del protagonista de la humillación.
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