Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 27 de agosto de 2008
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Elogio a Pedro Gordillo
Manuel Calleja
Ceuta y España han sido beneficiadas por la dicha celeste con el grandioso don de un político sin par ni parangón, con un político de talla incomparable que merece todos los elogios y parabienes. Su nombre es Pedro Gordillo. La Historia y la divina Providencia se han conjurado para que todos los factores, acontecimientos y eventos hicieran posible no sólo el advenimiento a Ceuta, sino también la ascensión política de una persona que merece el título de estadista más nadie, haciendo su capacidad empequeñecer a personajillos tales como el primer ministro británico Churchill, el presidente norteamericano Roosevelt o al mismísimo general De Gaulle. Nunca tan pocos fuimos tan afortunados por las argucias de la razón histórica. Pedro Gordillo es un referente intelectual, tanto en el pensamiento político como en cualquier esfera del hacer humano. Nada le es extraño. Todo lo conoce profundamente, todo lo analiza con una finura que haría ensombrecer a Descartes, a Kant o Derrida. Su sagacidad intelectual nos ha permitido abrir nuevos horizontes en nuestra ciudad, empezando por su Consejo de Gobierno que en conocimiento, exquisitez y capacidad intelectual ya dejaría en ridículo a la Atenas de Pericles. Pedro Gordillo posee una capacidad retórica nunca vista antes. Su retórica hace palidecer a cualquier oponente y lleva hasta a las lágrimas de pasión al que le escucha. Si Pedro Gordillo hubiera asumido la defensa de Catalina, no podemos tener ninguna duda de que el conspirador hubiera sido absuelto y que Cicerón hubiera sido condenado por el mismo delito que acusaba. Inmensa fortuna han tenido Cicerón, Demóstenes o Kennedy de no haber que tenido que enfrentarse dialécticamente a este portento de las palabras, de la dicción y dominador de todos los recursos como es Pedro Gordillo. Hay quienes dicen, infundadamente, que Pedro Gordillo introduce onomatopeyas de helicópteros en sus discursos y hasta afirman haberlo visto y oído en la televisión. Nada hay más incierto y creo que esto se debe a un error técnico de la grabación, ya que es materialmente imposible que esos ruidos salgan de la límpida garganta de nuestro ilustre Vicepresidente. Pero sin en los terrenos de la oratoria no hay comparación posible para describir a Pedro Gordillo, cualquier intento se vuelve vano, si a su expresión le unimos su elegantísimo porte, su talla destacada, su saber estar y esa presencia física arrolladora que provocarían que despreciáramos, por vulgar y ordinaria, la presencia de Gregory Peck o de cualquiera de esos actores de relumbrón de las películas americanas. Malas lenguas dicen que Pedro Gordillo carraspea, ronca y habla en voz alta en los plenos para molestar a la oposición, pero yo creo que deben ser psicofonías. Hemos de agradecer al cielo que Pedro Gordillo no haya querido irse a Hollywood porque aquí habríamos perdido mucho y muchos allí lo habrían perdido todo al no poderse acerca siquiera al portento que Pedro Gordillo es. Para finalizar, aunque sea lo más importante, quiero remarcar la inmensa talla moral de Pedro Gordillo. Él no conoce el interés propio ni el de sus familiares, nunca ha atendido una petición de enchufe, nunca le ha dicho a nadie que contrate a otro sin las pertinentes oposiciones y siempre ha cesado a los responsables de las filtraciones de los exámenes. Él es un modelo moral, alguien a quien todos nos debiéramos parecer para nuestro bien y para el bien de los que nos rodean. ¡Ojalá todos fuésemos como Pedro Gordillo!
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