Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 2 de abril de 2008
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Un poco de maquillaje para empezar
Manuel Calleja

Los cambios en la portavocía del PP en el Congreso han provocado todo tipo de comentarios. Los que la pasada legislatura, a través de sus medios, marcaron el mensaje y la agenda del principal partido de la oposición parecen que no están demasiado contentos; los que hasta ahora se han sentido excluidos expresamente o que no se han identificado con las caídas del PP parecen que están contentos.

El mensaje que el PP quiere transmitir es el de renovación, pero una renovación mínima, de dos o tres personas, para que todos los demás queden donde están, comenzando por su líder.

Aunque ni siquiera ésa es la principal causa de la aparente renovación del PP. El PP está atrapado por el discurso dogmático que ha mantenido durante cuatro insoportables años. Ha sido un discurso tan cerrado, tan hermético y tan intransigente que admitir un fallo, implica reconocer que la totalidad de las posturas mantenidas eran erróneas, y ello es difícil para quiénes, sin motivo alguno, consideran que cualquier de sus afirmaciones se encuentran dotadas de infalibidad.

Personalmente no le doy ninguna trascendencia a que haya una nueva portavoz del PP en el Congreso. Esto, por sí mismo, no significa nada y probablemente se quede en una pequeña y patética campaña de publicidad para contentar a la parte del electorado que le ha costado votar al PP y que no le iba permitir otra legislatura de radicalismos opositores.

Si quieren tener otro estilo de oposición, deben practicarlo desde el principio. Estas elecciones han demostrado que un cambio puntual de discurso y de caras no ha funcionado. Ellos son los que tienen que decidir si España se merece cuatro años más de crispación o no, pero hay que recordarles que los comportamientos crean convicciones muy profundas y que dentro de cuatro años habrá unas nuevas elecciones.

En ocho años el PP ha perdido mucha credibilidad entre los españoles. Muchos creyeron en su "viaje al centro político" y la etiqueta nunca explicada del "centro reformista", pero se ha comprobado que debajo de la piel de corderitos estaba los de siempre, haciendo lo de siempre.

El problema que tiene el maquillaje en política es el mismo que el que tiene el maquillaje cosmético: tarde o temprano falla y se te acaba viendo tu verdadera cara. Si esa cara no coincide con la que has mostrado, produce una decepción difícil de remover, porque, como bien saben Acebes, Zaplana y Rajoy, no hay nada más imperdonable que la mentira.

El nuevo intento del PP de ponerse el maquillaje centrista tropieza con los que, dentro de la derecha de toda la vida, tienen alergia al centrismo, aunque sea impostado. Es probable que en un delirio autodestructor comiencen a atacar la base electoral conservadora del PP, propiciando la creación de una alternativa interna (o quizás externa), de forma que el voto liberal y el voto conservador no tengan que converger forzadamente en la misma opción.

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