Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 19 de marzo de 2008
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Inquietud en las filas populares
Manuel Calleja
No hay duda de que las elecciones generales en Ceuta han sido ganadas por el Partido Popular. Sus quince puntos de diferencia sobre la candidatura al Congreso del PSOE así lo atestiguan. Nunca victoria ha sido tan amarga para los populares ceutíes. Los motivos de amargura, a pesar de la contundente victoria, son múltiples, unos de naturaleza interna y otros de naturaleza externa. Las causas internas son una especie de clamor sordo. Las diversas sensibilidades, familias y grupos del PP ceutí combaten en una oculta guerra civil, cuyos sufrimientos y dolores están anestesiados con el reparto de cargos en la administración autonómica. Se busca que a los perdedores les toque algo, aunque sea poco, para que el conflicto no salga de su sede. El Presidente Vivas ha estado prácticamente ausente de la campaña, como ha dicho el diputado electo y como cualquiera que siga la información local puede comprobar. Buena parte de la estrategia del PP local para las elecciones era aprovechar el tirón de Juan Vivas para intentar convertir estas elecciones en una reedición de las autonómicas. Juan Vivas, desde luego, no se encuentra en su mejor momento. Otro de sus proyectos faraónicos, el soterramiento, y a un precio que transformarían las pirámides egipcias en una reformilla sin importancia, se va cayendo poco a poco. La oposición social al traslado del mercado a la "Manzana de Revellín", que no ha podido ser eludida ni oscurecida por el aparato propagandístico de la Ciudad, es un escollo insuperable incluso para la mesiánica Presidencia de Juan Vivas. Los problemas, que han surgido con la propiedad de la parcela del actual mercado de abastos y hasta el modelo de financiación de la obra, tienen al Presidente y a los suyos de los nervios. Los argumentos del tipo de "Ceuta se merece..." ya no calan en la ciudadanía, porque muy pocos sienten la necesidad de tener un mercado en un subterráneo, a un precio escandaloso y un soterramiento cuya necesidad no ha sido mínimamente explicada. El gobierno del Presidente Vivas vive una situación de final de mandato cuando no lleva ni un año. Lo que sí se ve es el final de una época. Los populares saben que perder a Juan Vivas como cabecera electoral equivale a un desastre político y electoral, ya que ellos han construido su actividad de gobierno sobre el personalismo y no sobre un equipo y un proyecto. Las causas externas son todavía más inquietantes para los populares. Antes tenían la seguridad de que solamente las luchas internas del partido podían remover a un consejero o a un director general, pero ahora, con los resultados electorales en la mano, puede darse el caso de que sean los ciudadanos de Ceuta los que les remuevan a todos de golpe de sus cargos. Son los terceros mejores resultados en términos porcentuales en las elecciones generales para el Partido Socialista. Pero esto no es lo importante. Lo verdaderamente importante es que tanto en 2004 como en 2008 se ha podido ver que existe una fuerte y creciente minoría social que quiere vertebrarse políticamente y que, desde luego, en 2004 no lo logró. La izquierda ceutí, que muchos consideraban muerta y sin fuerza ante la hegemonía conservadora, ha demostrado que es capaz de ganar las elecciones autonómicas y generales en Ceuta, siempre que los diferentes dirigentes de izquierda lo hagan bien y pongan la existencia de un proyecto de izquierda en el centro de sus proyectos políticos, no por intereses partidistas o personales, sino porque la izquierda es la única solución para una ciudad que padece una larga y grave enfermedad en lo económico, en lo social, en lo administrativo y en lo político.
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