Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 5 de diciembre de 2007
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La democracia procedimental
Manuel Calleja
La parte más visible de un sistema democrático son las elecciones de los cargos políticos, al menos los del poder legislativo si los demás derivan de una forma u otra de éste. Unas elecciones con múltiples opciones, con igualdad entre los concurrentes y que tengan un mecanismo que garantice que los resultados sean la suma de las voluntades individuales expresadas anónima y secretamente, son unas elecciones democráticas. Éste es el aspecto procedimental de la democracia. Pero desde el advenimiento de la democracia en los tiempos modernos, no se concibe la democracia sin separación de poderes y sin el reconocimiento y la protección de los derechos fundamentales y las libertades públicas de los ciudadanos. La forma clásica y liberal de democracia se resume en la suma de un marco de gobierno con una declaración de derechos. A principios del siglo XX, especialmente tras la Constitución mexicana de 1917 y la "Reichsverfassung" de 1919, se profundizó en la segunda parte, la relativa a los derechos, y se incluyeron los derechos sociales (tales como la jubilación, la asistencia sanitaria o la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad). Nació la idea del Estado democrático y social, caracterización que el artículo 1 de la Constitución Española de 1978 recoge para definir a España. América Latina vive un periodo convulso desde el punto de vista constitucional, ya que la convulsión es la lamentable normalidad en su vida política, económica y social. En Venezuela, Ecuador o Bolivia, los respectivos Presidentes arropados por elecciones arrolladoras se han lanzado a transformar el marco político para hacerlo un trasunto de su propio pensamiento. Sus democracias son principalmente procedimentales. El convencimiento de que los legítimos deseos de verdaderos cambios y de transformaciones sociales ha llevado a estos dirigentes a iniciar procesos constituyentes o a hacer de la reforma constitucional una práctica habitual. Hasta el momento han sido procedimientos electorales y de referendum intachables, tanto que el supuesto "dictador" venezolano ha perdido una capital consulta y ha admitido la derrota sin ampararse en teorías de la conspiración. El problema de estos nuevos gobernantes latinoamericanos deviene no tanto del empleo correcto de los procedimientos democráticos, como del poco respeto hacia las tradiciones liberales y sociales más importantes. Sienten que sus mayorías arrolladoras les habilita para todo, con poco reparo en las formas legales (que son un capricho de los juristas), y menos aún se siente impelidos para dar argumentos que justifiquen y defiendan que sus opciones son las mejores, recurriendo a argumentos fáciles para cerrar con cualquier crítica. Esto no es lejano a nosotros. En Ceuta vivimos todos a diario los peores vicios de la democracia procedimentalista. Tenemos un Presidente al que no le faltan panegiristas y hagiógrafos, que deliberadamente confunden "ser buena persona" (cosa que no dudo ya que no conozco personalmente a Juan Vivas) con "ser un buen gestor de servicios público (cosa que sé que no es porque vivo en Ceuta). El Gobierno de la Ciudad fue elegido con una aplastante mayoría (65.18% de los votos emitidos, aunque solamente con el 39.07% sobre la población con derecho a voto). Desde la misma noche de las elecciones todo vale, desde inflar el organigrama, gastar en proyectos quiméricos y sin ningún resultado, así como presentar verdaderas bestialidades a la Asamblea, bajo el amparo seguro de su mayoría y el miedo a la crítica, que han sabido inocular entre los ciudadanos. Todo el que se permite objetar es enemigo de los intereses de Ceuta, porque ellos son los mejores guardianes y los únicos intérpretes de lo que conviene a la ciudad; ellos lo saben todo, tienen a los mejores técnicos seleccionados con procedimientos ejemplares, que Suecia y Finlandia están deseando copiar y nunca se confunden, y están dotados de una aparente seriedad y trascendencia, que esconde su inconsistencia. Y cuando son pillados dicen que los votos justifican todos los despropósitos en los que hayan caído. Entre Hugo Chávez, Evo Morales, Correa y Vivas sólo hay diferencias geográficas. Modos y espíritu son los mismos, aunque los primeros al menos dicen preocuparse por los más desfavorecidos, mientras que el último no hace nada para que no siga agrandándose la brecha social de Ceuta.
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