Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 14 de noviembre de 2007
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Vuestra España no es la mía
Manuel Calleja

La pasada semana los medios de comunicación informaron de que un ciudadano colombiano, de más de cincuenta años, completamente indefenso, fue agredido en Madrid al grito de "¡Viva España!". No pude sentir más asco que cuando vi el nombre de España restregado en la boca de estos cavernícolas.

Me cuesta entender que unas "personas" ataquen a otra y que para ello secuestren nuestra identidad nacional, los símbolos que son de todos y nuestro esfuerzo común. Posiblemente estos desgraciados nunca hayan trabajado, no habrán pagado ni un euro a Hacienda y se dediquen a vivir a costa de sus padres, que ya bastante pena tienen por haberlos traído al mundo.

España, quieran o no, ha progresado espectacularmente desde que el sistema democrático se ha establecido en nuestro país, bajo la normal dirección de gobiernos de izquierda. Los valores democráticos han calado tan hondo en la población que los reductos de la sinrazón no tienen lugar en nuestra sociedad.

Los españoles los declaramos apartados de nuestra comunidad, los excluimos de nuestro presente y futuro, los tenemos por seres inmorales, los arrojamos a las fronteras de nuestras conciencias, los juzgamos y los condenamos con los demonios de la Humanidad a sufrir la náusea constante de su propia existencia.

Reconocer que la inmigración tiene problemas y que hay personas extranjeras que cometen actos delictivos es admisible y lo que cabe es exigir a las autoridades su acción  inmediata; como también ante la delincuencia de españoles, porque parece que somos todos angelitos bonachones de un cuadro de Murillo. Normalmente los que se toman la justicia por sus manos, son los mismos que agravian la justicia, los mismos que temen la acción de la Policía y que se enfrentan a ella.

Los que van de "salvapatrias camorristas", patriotas de saldo, deberían pasar por la consulta de un buen psiquiatra para que al menos consigan salvarse a ellos mismos, aunque seguramente ni en tres vidas lo alcanzarían.

Después están los otros, los que callan, los que con su silencio consienten y comprenden (como ha pasado tanto tiempo con ETA) que llegará el día que vean como esos cuernos van a sacarles los ojos a ellos. En ese día sentirán lo que expresó magistralmente el sermón de Martin Niemöller: "cuando vinieron a por mí, ya no había nadie porque se lo habían llevados a todos" (texto erróneamente atribuido a Bertolt Brecht).

España, por más que les pese, les dice "no" una y otra vez a los que a causa de las diferencias quieren hacer diferencias. España no se siente reflejada en la basura que desgraciadamente muchas veces se hace autorrepresentativa de nuestro país.

Mi España no es la de esta gente. Mi España es la Ceuta que salió a recibir orgullosamente a su Rey, sin distinción de credos ni etnias, unidos por nuestra enseña nacional, independientemente de nuestra ideología política. España es un proyecto que se va haciendo realidad, un proyecto al que se van sumando más personas buscando libertad y prosperidad, un proyecto que sólo tiene sentido si nos incluye a todos.

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