Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 3 de octubre de 2007
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Electoralismo
Manuel Calleja
Andamos varias semanas oyendo este término. Cada vez que el gobierno de la Nación gobierna, es decir, todos los días, un grupo de histéricos políticos y de vientres agradecidos de algunos medios de comunicación salen desaforadamente gritando: “¡electoralismo!, ¡electoralismo!”. Nadie explica qué es el electoralismo pero todos quieren conjurar los efectos políticos positivos de la acción del gobierno presidido por Rodríguez Zapatero. Este frenesí, este exorcismo articulado en torno a la presunta comisión de electoralismo, pone de manifiesto el nerviosismo que causa el cumplimiento del programa electoral entre quiénes dejaron a España con la última compra encargada pero la cuenta vacía, en palabras del Vicepresidente Solbes. Gobernar es solucionar los problemas de los españoles. Hacer electoralismo es decir que se hace algo, pero sin ser verdad, porque se ha vendido lo que podría hacerse como si ya estuviera hecho (la pauta de comportamiento de Juan Vivas es el mejor ejemplo). Dedicar dinero a que los españoles que tienen hijos reciban el apoyo del Estado es hacer realidad el programa que los mayoritariamente los ciudadanos de nuestro país votaron hace tres años y medio. Ésta es la esencia de la democracia, cumplir lo comprometido en las elecciones y dejarlo de hacer por no padecer la embestida de los pregoneros del mal es una traición a la forma de gobierno que nos hemos dado. Solucionar problemas y cumplir con lo prometido merecerá muchos adjetivos, pero nunca los emitidos por las gargantas vociferantes que se esfuerzan en crisparnos. Seguramente ellos están tan enfadados porque la ayuda familiar propuesta por el gobierno, aprobada por las Cortes y consignada en los Presupuestos Generales del Estado, es decir, que no sólo se ha anunciado, sino que ya es una realidad. Tan poco le gusta al PP que el gobierno proporcione ayudas a las familias que no cabe duda que pondrán todas las dificultades, como ya las pusieron con la Agencia del Alquiler. Si lo que está haciendo el Gobierno de España es hacer electoralismo, bienvenido sea. Sean bienvenidas todas las operaciones electoralistas que hagan menos costoso hacer la realidad el sueño de muchos españoles de traer hijos al mundo, formar un familia e intenta la felicidad por este camino. No es justo que ayudar a las familiar sea calificado de electoralismo, cuando el PP en el gobierno le dio billones de pesetas a las empresas eléctricas por el fin de un monopolio que todavía no ha terminado. Prefiero el electoralismo del gobierno de Zapatero dando ayudas que no hay que devolver a los falsos cien euros de Aznar, que había que rembolsar a Hacienda cuando en junio se presenta la declaración. La democracia es esto: cumplir los compromisos con los ciudadanos. La estrategia de que “cuanto peor, mejor” solamente es válida para desalmados opositores que en la persistencia de los problemas creen encontrar su tabla de salvación política, después de tres años y medio de mentirosa oposición, obsesionada con hacer verdad lo absurdo y ciega a la marcha y al progreso de España. Quiénes estén de acuerdo con que las medidas de Gobierno de España en materia de ayuda a la familia son malas, perniciosas y puerta a todos los males pueden hacer la promesa electoral de eliminar esta ayuda si llegan a gobernar después de las próximas elecciones generales.
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