Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 19 de septiembre de 2007
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Vivas se desinhibe
Manuel Calleja
Pocos son los plenos del recién inaugurado mandato de la Asamblea de Ceuta. Todavía resulta difícil calibrar cuál será el decurso de la vida parlamentaria en nuestra ciudad y las grandes sorpresas que podamos encontrarnos están por llegar. A pesar de ello, los tres meses transcurridos desde la sesión constitutiva sí han manifestado un vuelco notable en la actitud del Presidente Vivas. Nuestro Presidente siempre había mantenido una posición moderada, apocada, callada y poco política en los plenos, queriendo dar la impresión de que es una persona conciliadora, más amigo de los acuerdos que del debate democrático y que estaba más allá del bien y del mal. Algo ha debido suceder en su mente, en su alma y en su corazón para que el Presidente Vivas deje sus muchas represiones políticas y muestre su verdadero rostro de dictador de bajos vuelos, entrometiéndose en todo lo que sucede en el pleno de la Asamblea. Y digo entrometerse, porque lo que Juan Vivas está haciendo excede con mucho las funciones que el Reglamento y otra legislación aplicable le conceden como director de la vida parlamentaria autonómica. Lo que está claro, a día de hoy, es que el Presidente de la Ciudad ha dejado de ser el guardián del cumplimiento del Reglamento de la Asamblea para saltárselo y convertir la posibilidad de intervención en el debate con la finalidad de moderarlo en un segundo turno para su gobierno. El Presidente Vivas debería aclarar a la opinión pública los motivos por los que su gobierno tiene dos turnos de intervención en cualquier debate con la oposición y justificarlo reglamentariamente. El gobierno, en los debates parlamentarios, tiene una oportunidad para aclarar, justificar su actuación o rebatir a la oposición, pero no tiene dos. También podría explicar el Presidente Vivas si sus complementos a las intervenciones de sus consejeros se deben a que sus consejeros no lo hacen bien, que el turno del gobierno es desperdiciado por los miembros de éste y es necesario que el Presidente intervenga para arreglar el desarreglo que los consejeros han hecho. Si éste fuera el motivo de la desinhibición de Juan Vivas, lo que debería hacer el Presidente es cesar a todo su gobierno y nombrar uno nuevo, compuesto por personas de verdadera valía y no por personas, como sucede actualmente, que tienen tan poca competencia que necesitan del constante complemento de su jefe de filas para no cometer más estropicios de los que normalmente perpetran en la intimidad de sus despachos. El ataque constante a los portavoces de la oposición y hasta su hostigamiento mediático, sin duda incitado desde las cavernas del poder local, encuentran poca base moral, pero sería políticamente hasta comprensible si cada uno de los diecinueve diputados del Partido Popular fueran genios parlamentarios, Demóstenes redivivos en el Estrecho e individuos de gran visión política. Lo que nos encontramos es con una masa de silenciosos diputados, presididas por las dos estatuas de las que Vivas se hace acompañar en el pleno, una de las cuales ya ha demostrado su evidente incapacidad para distinguir algo tan sencillo como la diferencia entre el 'sí' y el 'no'. Es humano que Juan Vivas, después de sentirse llevado, vestido, paseado, controlado y utilizado constantemente quiera tirar de galones y decir que él es el Presidente. Es lógico y, en lo personal, comprensible, aunque sería más aconsejable que su desinhibición la reorientase hacia sus propias filas, fuera exigente con los suyos y de camino cumpliese él mismo el Reglamento de la Asamblea, que es una de las principales misiones que tiene.
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