Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 26 de septiembre de 2007
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Sarkozy y Rajoy
Manuel Calleja
La derecha tiene el complejo de vecino envidioso. Sí, ese vecino que todos tenemos que si la familia de su misma planta se ha comprado un coche, se las maravilla para hacer lo propio; que si se va de vacaciones por los Balcanes, él da las vueltas necesarias para acabar teniendo el más amplio álbum de fotos de Belgrado. Anda la derecha contentísima con la elección de Nicolás Sarkozy como Presidente de Francia. Como además de vecinos envidiosos, tienen un gran complejo de inferioridad, tratan de convencernos a los españoles de lo bueno que sería imitar a nuestros vecinos franceses, porque al fin y al cabo ellos son mejores y nosotros no somos más que unos catetillos subpirenaicos. Si los franceses han elegido a un Presidente muy de derechas, los españoles no debemos ser menos y estamos obligados a superarles, así que deberíamos llevar a La Moncloa a Rajoy y a su camarilla de exaltados, encabezada por Acebes y Zaplana. Nicolás Sarkozy goza de la buena prensa propia de aquél que alimenta la maquinaria mediática con continuas noticias, novedades jugosas y unas cuantas declaraciones salidas de tono que generan una tormenta, en las que el causante del problema pretende aparecer simultáneamente como víctima y salvador. El Presidente francés ha llenado este verano de múltiples anuncios de reformas y transmutaciones de la sociedad francesa. Se ha proclamado el inicio de un cambio en la Seguridad Social y en todas las prestaciones sociales, una modificación sustancial de las relaciones laborales, una reestructuración de la función pública, así como la reforma del sistema educativo, por sólo mencionar las más destacadas. El problema va a llegar cuando alguien pregunte por dónde están esas reformas y los supuestos grandiosos beneficios que iban a producir. Sarkozy se ha cansado de hablar, pero ha hecho poco o nada, sufriendo ya una crisis en su gobierno, y viendo cómo la mayoría parlamentaria se hace la remolona a la hora de seguir con entusiasmo al Presidente. Una cosa son las grandilocuentes proclamas, escritas por un eficiente equipo de redactores, y otras las realidades que no llegan, ni siquiera bajo la forma de proyectos legislativos. La única novedad que han encontrado los ciudadanos franceses ha sido una nueva tasa. Ahora los franceses deberán pagar cuatro euros cada vez que vayan a asistir a una consulta del sistema público de sanidad, el cual ya han pagado con sus impuestos. Esto es lo hay detrás de la dignidad, la grandeza y el renacimiento francés propugnado por Sarkozy: más impuestos, menos prestaciones, más gasto público en asuntos que no benefician directamente a los ciudadanos y menos en hacer más llevadero el día a día a los que lo precisan. Éste es el modelo de Rajoy y sus exaltados. No parar de hablar, asustar y prometer, para luego al primer Consejo de Ministros que se celebre, ellos seguirán los pasos franceses, poniendo la tasa para las consultas médicas, eliminando los salarios de tramitación por despido (como ya lo hicieron), bajando las indemnizaciones por despido improcedente, potenciando los centros educativos católicos, manipulando los medios públicos de comunicación, dando dinero de los ciudadanos para que la red eléctrica siga cayéndose pero con más beneficio para las empresas o diciendo que se dan ayudas a las familias, cuando éstas son realmente un adelanto de la devolución del IRPF. Si le ganamos a Francia por la derecha, eligiendo a exaltados y extremistas, lo que acabo de indicar sólo sería el inicio de un programa radical de derechas, encaminado únicamente a beneficiar a los que ya se encuentran favorecidos por la fortuna y en perjuicio de los que comienzan su andadura vital con desventaja.
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