Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 5 de septiembre de 2007
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A dos velas
Manuel Calleja

La situación financiera de la Ciudad es uno de esos temas que siempre andan en la primera plana de la política local y no es casualidad. El problema es que estos asuntos a buena parte de los ciudadanos nos producen hastío, porque la Hacienda Pública, sus conceptos contables y las mil maneras de negar lo evidente producen una aridez tremenda y un hastío incomensurable, y más cuando acabamos de volver de las vacaciones.

Posiblemente sea por ello que dos importantes momentos financieros se hayan desarrollado con la alevosía veraniega de los que no quieren que se comenten determinadas cosas.

El primer momento ha sido la presentación de la cuenta general por el consejero del ramo, el Sr. Márquez. La cuenta general, algo así como el balance final de los ingresos y gastos de la Ciudad el pasado año, arroja en la versión de consejero un superávit superior al millón de euros. Sería una buena noticia siempre y cuando las cuentas de nuestra Ciudad no se vieran puestas sistemáticamente en cuestión por el Tribunal de Cuentas, año tras año, ejercicio tras ejercicio.

No tenemos que dudar de las palabras del consejero, pero creo que es admisible un margen de humana incertidumbre hasta que la máxima autoridad contable del Estado se pronuncie. Hemos tenido el partido de ida (que dice el Sr. Márquez que han ganado), ahora esperaremos el resultado de la vuelta, en la que la última palabra procede de un órgano menos condescendiente que la Consejería de Hacienda.

El segundo momento lo ha constituido la solicitud de un crédito de treinta y seis millones de euros para afrontar los pagos más inmediatos que la Ciudad tiene que hacer. El Sr. Márquez ha declarado que la Administración Autonómica tiene liquidez, pero que es bueno endeudarse y pagar intereses y cuantiosas comisiones (como las de apertura y la de estudio) para poder abonar las obligaciones en las próximas semanas.

Reconozco que no soy ninguna autoridad en esta materia, pero parece más que evidente que quién tiene liquidez no necesita endeudarse (y por tanto pagar más) cuando con el dinero que tiene puede solventar sus obligaciones pecuniarias. Nadie que tiene el dinero en efectivo para pagar un coche, pide en su sano juicio un préstamo con interés y comisiones para hacer aquello para lo cual ya tiene liquidez suficiente.

Si unimos los dos momentos del Consejero de Hacienda tenemos antes nosotros una contradicción: hay superávit pero no hay liquidez. Podría argumentar el Consejero que los ingresos acabarán llegando, pero que ahora no se tiene el dinero de los ingresos presupuestados. Si esto dice, que parece que fueron sus declaraciones, entonces no hay liquidez, se recurre a hipotecar más el futuro de la Ciudad (con un endeudamiento anterior superiores a los 100 millones de euros) y el presupuesto no está bien hecho, porque no ha tenido en cuenta la temporalidad de los ingresos y distribuye el gasto caprichosamente.

Efectivamente las cuestiones presupuestarias son muy aburridas. Inoportunas cuando lo que realmente queremos es dejar de pensar en las soñadas y efímeras vacaciones. Pero en estas cuestiones son en las que se dilucidan las grandes decisiones políticas, donde se ve la talla de unos gobernantes y unos gestores.

Una vez más el gobierno de la Ciudad ha preferido hurtar el derecho a elegir de las futuras corporaciones, con la única finalidad de maquillar sus despropósitos, sus exagerados y preelectorales gastos, su vivir en el presente para que después de ellos sólo quede deuda y empobrecimiento.

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