Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 15 de agosto de 2007
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A vueltas con el ladrillo
Manuel Calleja
A principio de los años setenta apareció una obra que cubría un hueco existente dentro de la literatura teológica. El título de la obra era A vueltas con Dios, del alemán Heinz Zahrnt. Proponía, con éxito, una síntesis del pensamiento protestante alemán desde finales del siglo XIX, con la figura inicial de la Teología liberal, Alfred von Harnack, hasta la perspectiva ética de Paul Tillich. Pasaba por la Teología dialéctica propugnada por Karl Barth y prácticamente hegemónica dentro de la reflexión teológica del Protestantismo alemán (tanto luterano como reformado); siguiendo por la Teología de la secularización del mártir Dietrich Bonhöffer (que ha tenido tanto calado en el pensamiento católico contemporáneo) hasta llegar a Wolfhart Pannenberg y el redescubrimiento de lo histórico como criterio hermenéutico del acontecer religioso y teológico, frente al positivismo de la revelación propio de Barth y de su multitud de seguidores. Evidentemente la obra es mucho más amplia y no deja fuera a otros autores fundamentales además de los ya referidos. Si la gloria historiográfica la encuentra Zahrnt desentrañando las vueltas de la Teología acerca de la Divinidad, la miseria moral, política y económica la encontramos nosotros dándoles vueltas a algo mucho menos excelso que el objeto de Zahrnt. La historia de este inicio del siglo XXI en España bien podría titularse: A vueltas con el ladrillo. Este culto idolátrico, que no religioso, carece de un cuerpo reflexivo que lo sostenga, ya que únicamente se mantiene en la opresión de las necesidades personales y en la satisfacción de los instintos más desmedidos de enriquecimiento rápido, fácil y sin escrúpulos. En los últimos días los medios de comunicación locales están dando amplia cobertura a uno de los actos centrales del “ladrillocentrismo”, la elaboración del “Plan General de Ordenación Urbana” (PGOU) y colateralmente se cuelan algunas noticias más. El 25% de los edificios de nuestra ciudad se encuentran en mal estado o en esta ruinoso. Esta situación es alarmante y cabe preguntarse qué están haciendo nuestros dirigentes autonómico-municipales para inspeccionar y para ponerme remedio a este problema. Cabría también inquirirles sobre las ayudas para la recuperación y rehabilitación de los inmuebles en mal estado, ahora que han aprovechado las elecciones para otorgar sustanciosos sueldos a toda gaviota que se mueve. Si no hacen nada, o poco, podríamos pensar que están esperando a que se caigan materialmente esta edificaciones, para que los sacerdotes del “ladrillocentrismo”, los constructores, se lancen a construir sobre los solares de estos ruinosos edificios, como está sucediendo con numerosas casas que deberían estar protegidas por ser las expresiones arquitectónicas de nuestra historia. El Colegio de Arquitectos ha propuesto, con gran clarividencia, insistir en la construcción en altura, dada la escasez de suelo que es una de las características de Ceuta, con la finalidad de liberar suelo para los servicios públicos necesarios. Espero que esta corporación profesional no haya tenido que pasar muchas horas de duras de reuniones, investigaciones y estudios para concluir con el descubrimiento del Mediterráneo. En lo que el Colegio no ha caído (o sí) es que el gobierno de Ceuta dejará construir en altura todo lo que se quiera, como está sucediendo ahora, pero el espacio ahorrado no lo va a dedicar a equipamiento, sino nuevamente a construir, ya que piensan que la economía se mueve solamente a través de un mejor culto al ladrillo y una peor vida de las personas. El PGOU prevé la construcción de seis mil viviendas, dejando para la protección oficial el 30% de esta previsión (mil ochocientas). Pronto se ha olvidado el Presidente Vivas de su compromiso en el discurso en el último debate de los Presupuestos de la Ciudad, donde dijo que los ceutíes tendrían más de cuatro mil VPO en cuatro años, para rebajarlo en la campaña a tres mil quinientas. Le han bastado solamente cuatro meses para rebajar a la mitad su promesa electoral y no en los próximos cuatro años, sino hasta 2016. De paso el gobierno del PP solamente pagará unas doscientas, mientras que el gobierno socialista de España más de mil doscientas, lo que demuestra las prioridades de unos y de otros. El Presidente Vivas se está convirtiendo en el obispo ceutí del “ladrillocentrismo”, preparando un altar en el que sacrificar las ilusiones, el trabajo de decenas de años y el futuro de las nuevas generaciones, sólo por no tener el arrojo suficiente de enfrentarse a los falsos profetas y sacerdotes de nuestros días, los constructores y los promotores.
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