Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

@ email








Asimetrías Urbanas
Ceuta, 11 de julio de 2007
 BLOGS
Tercer debate perdido
Manuel Calleja

Hace casi una semana del “Debate del Estado de la Nación”, pero determinados acontecimientos son tan representativos de la actual situación de nuestro país que el paso de unos cuantos días no es argumento suficiente para no tratarlo.

Muchos esperaban, en las filas de la oposición popular, que por fin su líder, ese señor gallego que vuelve loco de entusiasmo (o de sopor) a todo el que lo escucha, aprovechase de una vez el “Debate del Estado de la Nación” para poner al Presidente Zapatero en el lugar que ellos creen que debe estar. El delfín de Aznar habría de elevarse a las alturas políticas, muy a pesar de que le faltan las alas, a pesar de tener ya demasiadas horas de vuelo.

El aspirante registral a la Presidencia del Gobierno intentó acorralar al Presidente. Intentó ser genial y, claro, eso es difícil, si no imposible, cuando no se es un genio ni nada que se asemeje. Su técnica de acorralamiento pensaría él que era muy novedosa, todo un efecto sorpresa, pero su estrategia se limitó atacar donde todos esperaban que lo hiciese. Lo peor para el aspirante registral no es que sólo hizo lo previsible, sino que aún hizo menos.

Convirtió el debate en una especie de registro administrativo para pedir actas, papeles y certificaciones de cuestiones cuya documentación no se debe sacar porque el líder de la oposición en ejercicio piense que le conviene políticamente.

El líder de la oposición se encerró a sí mismo y evidenció ante toda la sociedad española que sólo le interesa un tema y que éste no es el terrorismo. Su tema es dar salida airosa al triste compromiso de su partido con las múltiples teorías de la conspiración que han ido salpicando las páginas de ciertos medios, cuando realmente se deberían haber destinado a los estantes de la ciencia-ficción.

El que iba a encerrar, a arrinconar, a destrozar al Presidente en ejercicio comenzó a verse él mismo en esa situación. Empezaron a verse sus vergüenzas ante un Presidente convencido de su programa, seguro de sus logros y que sabe que cuenta con la confianza de los españoles.

El jefe del Partido Popular no supo dar cuenta del motivo por el que su partido recurría determinados preceptos del Estatuto de Cataluña y había votado preceptos idénticos en el Estatuto de Andalucía. Se mostró bien a las claras las contradicciones de los populares, que no son auténticas contradicciones, sino que son las mil máscaras con las que intenta encubrir su único deseo programático: un desatado frenesí por el poder.

Mariano Rajoy debe conocer que si las encuestas dicen que a los españoles el tema que más les interesa es el terrorismo, ello no quiere decir ni que sea el único que les preocupe, ni que esa preocupación sea correlativa y concordante con las posiciones de los populares.

Hay otros muchos asuntos y circunstancias que merecen la atención de los españoles, y a los que el líder popular no les dedicó ni un segundo, en su obsesión de emplear todo el tiempo para convencernos de que el gobierno se ha vendido a los terroristas, como antes pretendieron hacernos comulgar con que el gobierno andaba moviendo los hilos en la investigación del 11-M.

Rajoy sólo habló para sí y para los suyos. No se dirigió a los españoles. No propuso la perspectiva de su partido sobre la situación de la Nación y las medidas que ellos consideraran que habría que adoptar. El Presidente Zapatero hizo todo lo contrario: desgranó sin crispación la labor de su gobierno y presentó iniciativas y propuestas. Rajoy no lo hizo mal, ni peor, lo hizo pésimamente, tanto que se empezó a sentir la silueta de Rato en la mente de los populares.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.