Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 4 de julio de 2007
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Programa postelectoral
Manuel Calleja
Un mes ha esperado el nuevo gobierno del Partido Popular para presentar los ejes fundamentales de su acción de gobierno. Lo hizo ayer, la reelecta portavoz del gobierno, Yolanda Bel, que enumeró una especie de decálogo, que daba la impresión de haber sido preparado y redactado para salir del paso a tanto silencio sobre las prioridades del ejecutivo, cuando hace más de un mes que se celebraron las elecciones autonómicas. Estamos de enhorabuena, porque el Partido Popular de Ceuta ha inventado una nueva fórmula en la política española, que es presentarse sin programa electoral, pues esto hizo, poniéndole este nombre a un insoportable montón de páginas en las que se pretendían dar cuenta de los “logros” de Juan Vivas, y de Juan Vivas mismo, atribuyéndose obras pagadas y realizadas por la Administración del Estado, como es la tan disfruta playa de la Ribera. Una vez ganadas las elecciones, los populares se han visto en la necesidad de tener una línea de propaganda para ocupar un buen espacio en la prensa intentando explicar lo que pretenden hacer estos próximos cuatros años, cuando han tenido toda una campaña para poder hacerlo. Es propaganda, porque no son verdaderas intenciones, pero de ello hablaremos más adelante. Así que los esforzados intelectuales, ideólogos y estrategas del PP se han puesto a redactar un programa postelectoral, en ausencia de lo que habrían tenido que haber hecho antes de los comicios. Y como es propio en ellos, a pesar del mucho tiempo que han tenido para ser iluminados por alguna idea, repiten los tópicos de siempre, aunque con un pecado mayor: la absoluta imprecisión. Todo está expresado de una forma general y abstracta para que nadie pueda comprobar el grado de ejecución de sus promesas postelectoral (porque de las electorales nada supimos). La consejera Yolanda Bel compareció ante los medios para leer un listado y tuvo el atrevimiento de decir la verdad, esto es, que ni siquiera el orden de enumeración indicaba un orden de prioridad, evidenciando dos cosas. La primera que esta lista de prioridades es fruto más de una “lluvia de ideas” tenidas en un caluroso despacho del Ayuntamiento, y la segunda, y más grave, que el gobierno no tiene ni un solo criterio para su actuación. Establecer un orden en las prioridades de la lista (aunque todas sean las primeras como el término “prioridad” señala) quiere decir que se tiene claro qué es más importante y qué es menos importante y llegado el caso, con un Presupuesto de inversiones cada día más escaso, implica que se tienen parámetros para decidir cuál de esas prioridades va a recibir fondos antes y en mayor cantidad. Debería saber el gobierno de la ciudad que hacer una lista de prioridades para la acción política no es escribirle la carta a los Reyes Magos. No consiste en sentarse ante un papel en blanco y decir cosas que vayan a quedar bien ante los ciudadanos y los medios de comunicación, sino que es comprometerse con determinados objetivos con dinero y en plazos determinados. Todo lo demás son bonitas redacciones, llenas de buenas intenciones políticas, para ser presentadas a un concurso infantil, que podría tener por título “el gobierno que me gustaría ser”. En todo caso el gobierno del Partido Popular sí nos ha dado pruebas, no verbales, sino fácticas, de cual es realmente su prioridad: nombrar cargos públicos. Después del bochornoso espectáculo de llenar Ceuta de consejeros y viceconsejeros, estamos asistiendo al nombramiento de cargos de segundo nivel, multiplicándose los asesores, como si un gobierno, que va camino de ser más numeroso que la propia Asamblea de la Ciudad, no tuviera ya personas suficientes. El calor aprieta y en este inicio del estío hay mejores lecturas que la que voy a recomendar, pero el ciudadano interesado en el venidero desparrame de cargos, ya de tercera y cuarta fila (pero con sueldos de “Liga de Campeones”) puede ir consultando las sucesivas ediciones veraniegas del BOCCE y viendo, como entre los calores de julio y agosto, todos los populares acaban colocándose ellos mismo o, en su defecto, a algunos de sus deudos.
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