Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 18 de julio de 2007
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Legalidad y legitimidad
Manuel Calleja

La legalidad y la legitimidad son dos de los grandes conceptos de la teoría política. La definición de cada uno de ellos han producido una amplia literatura filosófica y jurídica a lo largo de la historia del conocimiento y del pensamiento. Sin ánimo de ser conclusivo ni determinante, porque la abundancia de la materia es difícilmente abarcable, podemos proponer dos definiciones funcionales y provisionales sobre cada uno de estos conceptos.

Se propone como definición de la legalidad el presupuesto jurídico que autoriza el ejercicio o no ejercicio del poder, mientras que la legitimidad puede ser entendida en cambio como el presupuesto moral que autoriza o no del poder.

Todos los autores coinciden que la situación ideal es en la que coinciden la legalidad y la legitimidad en el poder. Por el contrario la situación menos deseable se da cuando una instancia de poder no tiene ni legalidad ni legitimidad. Intentaré explicar, a través de algunos ejemplos la diferentes situaciones de coincidencia y desavenencias entre estos dos conceptos fundamentales.

Supongamos que existe una “asociación de amigos de la poesía checa”. Los órganos directivos de esa asociación tendrían la legitimidad si han sido elegidos conforme a los estatutos de la corporación y serían legítimos si persiguen, en sus actuaciones, los fines propuestos por los asociaciones y que le dan sentido a la propia entidad. En este caso, la directiva de la asociación tendría tanto legalidad como legitimidad.

Sigamos viendo nuestro ejemplo. La directiva de la asociación sí ha sido elegida conforme a las normas estatutarias, pero en vez de la promoción y el conocimiento de la poesía checa, se dedican al cultivo de la poesía italiana y eslovaca. En esta situación nos encontraríamos ante una situación de legalidad, pero que se da juntos a un ejercicio ilegales del poder asociativo.

Otra posibilidad es que las personas que se encuentran en el poder de la asociación lo hayan obtenido de una forma ilegal, es decir, contraria a las determinaciones estatutarias. Por ejemplo, en un momento dado se ha producido la dimisión de la anterior directiva y ellos, porque sí, han ocupado su lugar sin escuchar a los asociados y contra la opinión de la mayoría de ellos. Eso sí, el ejercicio de su acción directiva se encuentra dentro del sentido para el que la asociación fue creada. Sería una directiva ilegal aunque con cierta legitimidad.

Finalmente si se da la ilegalidad tanto en la elección como en las actuaciones de la asociación y, además, la perversión de los fines asociativos, nos hallaríamos ante un flagrante caso de ilegalidad e ilegitimidad.

Evidentemente esta ejemplificación que acabo de proponer es sumamente esquemática, porque cabría hablar de varios sentidos de la legalidad, de la contemporánea legalización de la legitimidad, así como la convergencia de una multiplicidad de dimensiones dentro de lo que es la legitimidad.

No obstante, creo que es lo suficientemente aclaratorio sobre estos dos conceptos. Pues, ahora, que el pulso de la actualidad social y política se está deteniendo proporcionalmente al crecimiento de la temperatura, es un buen momento para plantear cuestiones de fundamento que el día a día puede que no invite a ello. Puede permitirnos ilustrar algunos situaciones que pasan a nuestro alrededor y para los cuales, muchas veces, nos vemos sin el armazón teórico y conceptual necesario.

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