Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 27 de junio de 2007
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Más gobierno, más gasto de dinero
Manuel Calleja
El despropósito se ha confirmado. Tenemos un gobierno amplísimo, cuajado de altísimos cargos, altos cargos y cargos altitos, porque no dan para más. En un artículo pretérito ya dije que teníamos un gobierno soviético, pero ahora esta gente del PP se ha superado a ellos mismos, lo cual no era a priori tan fácil como cabe pensar. El número de consejerías ha llegado a diez. Dijo el Presidente Vivas que el incremento en consejerías iba a compensarse con la desaparición de las viceconsejerías. Una vez más hemos visto que esto no era más que una ilusión o una mentira, porque ahora tenemos ocho hermosas viceconsejerías con competencias tan espectaculares como los festejos, que es algo que en cualquier municipio lleva un concejal que tiene otras responsabilidades. El requerimiento de tener un equipo eficaz, poco costoso y pequeño no ha sido otra cosa que una maniobra para distraer la atención de lo que se estaba haciendo, que ha sido convertir el gobierno de la Ciudad Autónoma en algo tan masivo como la lista de espera para recibir una VPO de EMVICESA. La consejería de Medio Ambiente es una verdadera locura. Los insensatos que nos preocupamos por estos temas nos preguntamos por las enormes funciones que tendrá la Sra. Bel cuando necesita estar ayudada por tres viceconsejeros. La tarea debe ser tamaña para haber concitado alrededor de tan distinguida gestora pública (a la cual se le congelaban las vacunas cuando estaba a cargo de Sanidad) un elenco tan renombrado de eficientísimos políticos. A la Sra. Bel y su equipo, digno de dirigir los designios de cualquier organización política, el Estado les ha quitado una preocupación, quizá la mas importante, la de encontrar dinero para que los servicios básicos funcionen. El Estado, siempre tan generoso con Ceuta, ya ha provisto las partidas para cambiar la conducción de agua en toda la ciudad, así como lo necesario para la gestión de las aguas residuales. A ellos solamente les queda hacerse un centenar de fotos al año y decir que Ceuta está preciosa a costa de no invertir en nada en algo que no se vea, por muy importante que sea. Otra cosa curiosa del nuevo gobierno de Vivas es que ha dividido la consejería de Economía y Hacienda en dos. Es llamativo que haya dos responsables para dos áreas tan íntimamente ligadas cuando la Ciudad no hace nada correcto en materia económica y haciencia, salvo malgastar el dinero a manos llenas. En todo caso no me cabe ninguna duda de que el nuevo consejero de Hacienda intentará poner las cosas en orden dentro de sus competencias. Lo primero que seguramente hará, será solicitar que se saque a concurso la plaza de interventor, que es para funcionarios de habilitación nacional, y tomar todas las medidas para que la intervención de la Ciudad sea un ejemplo de transparencia y profesionalidad. Seguramente también estará atento para que las tasas de la contribución no suban y que al final del año no haya problemas para abonar las pagas extraordinarias a los trabajadores municipales como los que ha habido con la extraordinaria de verano. No cabe duda de que este Consejo de Gobierno va a dar mucho juego, pero no sabemos de que calidad. Me resulta bochornoso que una ciudad, como es Ceuta, con más de un tercio de sus habitantes bajo el umbral de la pobreza, se gaste una riada de dinero en altisonantes cargos e innumerables asesorías que no tienen otra finalidad que tener contento al mayor número posible de militantes populares. Un gobierno de diecinueve personas para una ciudad de setenta y cuatro mil habitantes es una barbaridad, un desastre y una expresión de espíritu cateto. Quien no quiera verlo, que no lo vea, pero que no mienta.
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