Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 20 de junio de 2007
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Manuel Calleja
El pasado sábado, como es de todos conocido, se inauguró la Asamblea, elegida el pasado 27 de mayo. El resultado de las elecciones ha sido casi el mismo que el de los comicios de hace cuatro años. El Partido Popular no ha sufrido ningún desgaste después de cuatro años de mayoría absolutísima y ha conseguido renovarla, incluso ampliando el número de votos. Después de cuatro de años de hacer auténticamente lo que han querido, sin ningún límite político ni reparo moral, ahora ya se han lanzado a un auténtico delirio para colocar al mayor número posible de personas en los puestos más altos de la Administración autonómica. Si faltan puestos, pues se inventan un nuevo conjunto de altos cargos. El organigrama político y administrativo de la Ciudad de Ceuta no tendrá nada que envidiar al de cualquier otra comunidad autónoma, a pesar de contar con un población y un territorio que invitan a todo lo contrario: a ser austeros y muy eficaces con una pequeña y ágil estructura. El Presidente Vivas nos va a obsequiar nuevamente con un magnífico ejemplo de lo que es una relación inversamente proporcional: cuantos más cargos, menos eficiencia. Y todavía nuestro Presidente tiene la osadía de ir diciendo que el nuevo gobierno no costará más de lo que cuesta el actual; será porque piensa que el gobierno saliente era muy económico para una ciudad con un 37% de su población bajo el umbral de la pobreza. Hasta ahora Juan Vivas no ha tenido otra cosa que buenas palabras, pero estas buenas palabras no han recibido, en pocos días, el mínimo refrendo fáctico. Se le ha llenado la boca de colaboración y serenidad, pero a la oportunidad le ha mandado su verdadero mensaje a todos los que votaron a opciones diferentes a la suya. La mesa rectora de la Asamblea está compuesta únicamente por miembros del PP y no hay un solo representante de la oposición, algo absolutamente único en cualquier cámara parlamentaria de nuestro país. El Partido Popular, Juan Vivas y su hombre fuerte, Pedro Gordillo, no quieren dejar ni un solo resorte sin ocupar, no quieren posibilitar que los representantes de las minorías políticas puedan decir nada. En el fondo es una cuestión de imagen, porque quieren evitarle a la ciudadanía el disgusto de ver a un miembro de la oposición estar en la presidencia durante los plenos, y tener voz y voto a la hora de establecer el orden del día. Quieren dar una imagen de absoluta omnipotencia, como si los resultados de las elecciones no fuesen suficiente aval en el plano legal y moral para hacer y deshacer de durante los próximos cuatro años. La oposición se ha mostrado leal y abierta al diálogo, lo que es un enorme esfuerzo, porque sabe que esas palabras tropezarán contra el tabicado oído político de los populares, todavía embriagados por su triunfo electoral. Las palabras de la oposición tienen un valor mayor cuando saben que sus ofertas serán siempre rechazadas, ignoradas, despreciadas y ridiculizadas por un gobierno que piensa que la victoria electoral justifica despreciar a todo el que no piensa como ellos. Dentro de pocos días terminarán las buenas palabras. Se reelegirá a Juan Vivas como Presidente de la Ciudad Autónoma. Se anunciará un gobierno desproporcionado para una ciudad de setenta y cuatro mil habitantes. Teleceuta y todos los escribanos con intereses estomacales se pondrán a cantar las alabanzas joánicas, se atacará al gobierno de España por invertir en Ceuta como nunca se ha hecho, se menospreciará a buena parte de la población y se acabará por destruir la poca cohesión social que tenemos. Eso sí, siempre podrán exhibir a la mesa de la Asamblea como un ridículo intento de remedo de uno de los fracasados procesos de paz en Oriente Medio. Dirán que Juan Vivas ha hecho lo que nadie ha podido y tiene un hebreo y una musulmana en la misma mesa. Quizá debería haberse presentado mejor a la Secretaría General de la Naciones Unidas y así hubiera podido comprobar que una cosa es la política y otra cosa es lo que él hace.
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