Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
|
|
|
Asimetrías Urbanas
Ceuta, 13 de junio de 2007
BLOGS
Libertad de expresión negativa
Manuel Calleja
Nuestro sistema de derechos fundamentales y de libertades públicas no sólo confiere una serie de facultades de hacer, lo que en la terminología especializada se llaman “derechos positivos”, sino también un conjunto de “derechos negativos”, es decir, de derechos de no hacer. Muchas palabras se han empleado para describir el ámbito de efectividad de la libertad de expresión, quienes tienen reconocido ese derecho y cuáles deben ser los límites de la libertad de expresión, para que según reza el artículo 30 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ningún precepto pueda ir en detrimento de los otros derechos enunciados y reconocidos tanto en la esfera internacional, continental y nacional. En cambio, dentro de este vendaval de expresiones, casi nada se dice tanto del derecho a guardar silencio, como de la debida protección de este derecho. No pronunciarse públicamente tiene que ser respetado, porque no es el acto de decir la única posibilidad expresiva de los seres humanos. Callarse en determinadas circunstancias, es ejercer la libertad de expresión. El silencio tiene un grave problema hermenéutico. La interpretación del silencio tiene que ser contextual, ya que por definición si no tenemos texto en un momento comunicativo, exclusivamente poseemos el contexto. Leo Strauss y otros autores de su misma escuela han aportado una lectura muy interesante del pensamiento político en el que los silencios y lo insinuado tiene un papel tan relevante como lo explicitado. Todos los pensamientos de la sospecha, desde el psicoanálisis a los postmodernos, han confirmado el valor hermenéutico de lo no dicho. Hay silencios que son más expresivos que muchos discursos. Hay veces que el silencio tiene una fuerza mayor que todas las palabras humanas. El silencio tiene que ser apreciado y protegido, respetado y tenido en cuenta, porque únicamente sin articulación verbal se puede transmitir un mensaje inefable. El silencio aporta la cadencia necesaria para que nuestras existencias no sean verborrea y parloteo. El silencio puede ser timorato o valiente. Timorato cuando no se habla para no hacer el ridículo o para no quedar en evidencia por la vacuidad del propio discurso. Valiente cuando el silencio es una forma de expresión, de manifestación del pensamiento y de la propia voluntad. Si el silencio se da después de la verborrea, podemos apuntar un elemento contextual para poder catalogar ese silencio dentro de la categoría de los timoratos. Es el silencio del que se ha quedado sin palabras a luz de los hechos, del que únicamente se atrevía a hablar cuando las cosas iban de cara. El silencio, de esta forma, se convierte no en un discurso sin palabras, sino en una coraza en la que esconderse para sólo salir, de vez en cuando, para descubrir que al menos callado no se darán las inevitables equivocaciones. Ésta es la perversión de la libertad de expresión negativa, del derecho a no hablar, convirtiendo una posibilidad discursiva en el parapeto de los poco valientes y de los poco capacitados. Estos mismos son los que generalmente se atreven a interpretar el silencio ajeno de una forma siempre beneficiosa a sus intereses. Se apuntan el no pronunciamiento de los demás, como si ellos fueran los últimos y certeros conocedores de los arcanos de las conciencias humanas. Sólo los que carecen de arrojo tienen la temeridad de expresarse por los demás sin molestarse en preguntar por el sentido del silencio.
El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.
|