Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 23 de mayo de 2007
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Silencio
Manuel Calleja
Soy una persona a la que le gusta el silencio y le disgustan los ruidos. El que me conoce sabe que tengo una fuerte sensibilidad acústica. Puede que sea por este motivo por lo que me encuentro especialmente cercano de los vecinos que viven situaciones de contaminación acústica que perjudican su vida cotidiana y su intimidad. El hecho de que yo crea que el silencio es necesario para la vida, de que es un elemento consustancial a nuestra capacidad de habla y que es bueno que sepamos mantener nuestra mente despejada de alteraciones externas, no implica necesariamente que considere que todos los silencios sean buenos, que en la ausencia de sonido haya siempre una bondad intrínseca. Hay silencios sospechosos, hay silencios oscuros y también hay silencios malos. Estamos en campaña electoral y es un periodo privilegiado para hablar y oír, para que todo el que tenga algo que decir lo diga. Con el objetivo de que los ciudadanos puedan decidir en conciencia la opción política a la que van a votar, si tienen a bien acercarse a las urnas el próximo domingo. El Partido Popular está llevando una campaña silenciosa, una campaña en la que no envíen propuestas a la ciudadanía y en la que incluso no intervienen en los medios de comunicación cuando son invitados. El Partido Popular saca a Juan Vivas, lo enseña, lo pasea, mide sus palabras por miedo a que, libre para intervenir, diga lo que piensa y cometa un error fatal. De los restantes veinticuatro candidatos del PP poco conocemos y menos quieren que conozcamos. Nunca salen, nunca se pronuncian, jamás escuchamos su voz para decir cuál es su opinión o su propuesta sobre cualquier asunto importante para Ceuta. Parece como si los populares sintieran vergüenza de sus candidatos, como si los encerrasen en lugares apartados para que nadie los vea, no vayan a causar más animadversión todavía. Es difícil concurrir a unos comicios en los que sólo se pide el voto para el cabeza de lista, al cual rodean un conjunto de dudas todavía no resueltas sobre su futuro. Es lacerante no confiar en los propios candidatos y pedirles a los ciudadanos que confíen en unos desconocidos, en unos simples nombres y apellidos impresos en una papeleta. Mientras las demás formaciones políticas acuden a los medios de comunicación con muchos de sus candidatos, el PP no es que siempre mande al mismo portavoz, hace lo peor, no envía a nadie. El PP pide que se confíe ciegamente en ellos, pero no dicen quiénes son las personas en las que los ciudadanos deberían confiar. Utilizaron un premio oficial de la Ciudad, el premio “María de Eza”, para promocionar y dar a conocer la Sra. Rabea Mohamed, a quien pensaban incluir en su lista. Ella nos deleitó con un bonito discurso y, desde entonces, debe padecer una terrible afonía, pues nada de ella hemos podido oír. Todo lo demás es silencio. Silencio vergonzoso, bochornoso y patético, que no evidencia otra cosa que la profunda confianza en que tienen de hacer el ridículo más estrepitoso si hablan. El Partido Popular quiere unas elecciones sordas y calladas. Los ciudadanos tienen ahora la palabra y no les podrán silenciar, como hacen con sus candidatos.
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