Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 30 de mayo de 2007
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Las cosas son así
Manuel Calleja
Lo raro es lo que no sucede normalmente. Es raro que la selección española llegue más allá de los cuartos de final de un campeonato internacional. Es raro que un programa cultural de televisión supere a cualquier formato de cotilleo. Es raro que un político acepte dimitir y asumir sus responsabilidades después de un fracaso electoral al frente de un partido de ámbito nacional. Lo raro aconteció el pasado domingo. María Antonia Palomo dimitió de su cargo de secretaria general del PSOE de Ceuta y del acta que acababa de renovar en la Asamblea de la Ceuta, al comprobar que su candidatura no ha sido refrendada por la ciudadanía como deseaba y se esperaba. A muchas personas les ha llamado la atención que una de las protagonistas de la política local haya decidido dejar la política activa con efecto inmediato. Esto no es otra cosa que asumir las responsabilidades por los fallos cometidos y por no haber llegado a la ciudadanía, a pesar del duro trabajo realizado para hacer una oposición firme a un gobierno, el cual, a pesar de todo, ha recibido una abrumadora reelección. Muchas personas echarán de menos la tenacidad, el apasionamiento y la dedicación de María Antonia Palomo en todo lo que emprendía. Muchos pensarán que una política de raza ha abandonado la política, pero la política es así de cruda, exigente y realista. Los proyectos que no son refrendados por los ciudadanos tienen que ser pensados de nuevo, tienen que ser analizados minuciosamente y posiblemente reelaborados desde los principios inspiradores. Es bueno que todo ello se haga con paciencia y sin precipitación, no ya por el propio partido al que se representa, sino por el deber que las personas que se dedican a la vida pública mantienen con los ciudadanos. El pluralismo político es uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico y la riqueza de planteamientos hace que el derecho de elección de los ciudadanos gane en calidad. Tras las elecciones, es un deber ineludible volver a plantear a los ciudadanos y ciudadanas una opción válida, desde los planteamientos ideológicos propios y que pueda sintonizar con las inquietudes de los ceutíes. Determinados pasos pueden ser calificados de valientes, temerarios, precipitados o prudentes. Tendríamos que hablar de dignidad. Una dignidad que no es otra cosa que asumir lo necesario, el “fatum” que dirían los antiguos, con templanza de ánimo y certidumbre moral. Una dignidad que en su plenitud ha de ser humilde y sincera, que recoge los frutos del tiempo en forma de reconocimiento, sin conformarse con las efímeras flores del momento.
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