Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 4 de abril de 2007
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Ahora no son tan malos
Manuel Calleja

El Partido Popular ha desarrollado una estrategia patética en los últimos tres años. Todo lo que ha salido de la boca de todos sus dirigentes, nacionales o locales, han sido una ponzoñosa mezcla de mentiras e insultos.

El resentimiento respecto a los resultados de las últimas elecciones generales ha manifestado algo que para ellos es connatural, el desprecio hacia la democracia cuando le es adversa. Los populares sólo consideran buena la democracia cuando los comicios les favorecen y dudan de la limpieza y de la recta intención de los ciudadanos cuando deciden hacerles pagar el precio de la mentira, como tituló la prensa internacional en su momento.

Desde 1996, cuando obtuvo la mayoría absoluta, el Partido Popular pensó que ya no tenía sentido pactar con los representantes políticos de los españoles que no les habían votado a ellos. Llevando a la práctica un pensamiento maniqueísta (donde sólo hay buenos y malos) estaban ellos, los hijos de la luz, y los otros, que sólo querían llevar tinieblas a nuestras vidas. Los mayores demonios eran los nacionalistas.

Todo esto ha provocado el aislamiento político del Partido Popular y ha creado la certera sensación de que está solo. Ante las grises perspectivas electores para el próximo año, los populares comienzan a preparar el estómago de su público para que acepte lo que hasta ayer mismo era inaceptable, un pacto con los nacionalistas para que Rajoy pueda llegar a ser Presidente del Gobierno, que para algo ha nacido.

Esperanza Aguirre, presidenta de la comunidad madrileña, ya se ha descolgando diciendo que un acuerdo con los nacionalistas sería positivo para el país, centrando su atención en los de Convergencia i Unió. Seguramente, como sucedió en la primera legislatura de Aznar, luego vendrán los diablos del PNV y los acogerán con todo tipo de alborozos a cambios de sus diputados, olvidándose de tantos insultos, traiciones y oprobios.

Si el Partido Popular quiere recuperar el apoyo de la derecha nacionalista, en especial de la catalana, debe aclarar antes si el Estatuto de Autonomía de Cataluña entra dentro de ese acuerdo o no; ha de decidir si va a retirar el recurso de inconstitucionalidad contra esta norma y que va a hacer con el número indeterminado de firmas que recogía y con una vacua solemnidad entregó en el Congreso de los Diputados.

Algunos pueden pensar que esto no es posible, otros considerarán que no intento otra cosa que engañar a los lectores con una contingencia que es impensable. Muchos saben que el Partido Popular es capaz de estas cosas y de mayores, que por estar en el poder no sólo pactaría con los nacionalistas catalanes, sino con cualquier fuerza política, por antagónica que sea.

Sus proclamas maximalistas son mera retórica sofista. Únicamente pretenden el poder. Cuando no lo tienen se ponen dignos y se hacen los paladines de una supuesta honorabilidad. Al tener la posibilidad de acceder al gobierno se olvidan de todos esos grandes principios y van como rastreros sirvientes en busca de la llave de la poltrona, olvidándose de todo lo que dijeron, intentando cerrar o borrar el insobornable registro de las hemerotecas y los archivos.

En Ceuta, antes de pedir el voto en las próximas elecciones a la Asamblea, Juan Vivas y el Partido Popular deberían aclarar que harán si después de las próximas elecciones ganan pero sin mayoría absoluta. Han de decirles a los ciudadanos si van a pactar con partidos a los que ellos continuamente han calificado de etnicistas o con partidos nacionales que siempre han dicho que son contrarios a los intereses de Ceuta.

Si a Vivas o a Gordillo les acaban faltando unos votos para gobernar, no hay duda de que Mohamed Alí se convertirá en un político cabal, casi un estadista, y Mizzian en un gestor de toda solvencia. Hablarán de convivencia, integración y cada cual a exprimir su cortijo.

Nacionalistas catalanes o partidos musulmanes no son tan malos, cuando sus votos hacen falta.

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