Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 14 de marzo de 2007
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Las víctimas como excusa y parapeto
Manuel Calleja
Es insultante que algunos se erijan en defensores de las víctimas del terrorismo, mientras dicen que otros están al lado de los asesinos. Además de rozar el Código Penal, esta afirmación es radicalmente falsa. Al Partido Popular las víctimas le han traído casi siempre sin cuidado. Esto acabó en el momento en que descubrieron que la instrumentalización de determinadas organizaciones les permitía tener una serie de portavoces con la suficiente falta de decencia como para decir públicamente aquello que a los populares les daba vergüenza proclamar. A partir de ese momento nació la división entre las víctimas, las de verdad, las que dicen lo que el PP espera que una buena víctima tiene que decir, y las falsas víctimas, que no llaman a las sedes populares antes de hablar. Las del 11-M son un pesado lastre que el PP no quiere ni recordar. Un día, un personaje del tipo de Javier Arenas, atacó a Eduardo Madina diciéndole que el diputado socialista era algo así como un vendido a ETA. Lo que no tuvo en cuenta ese señor era que el diputado Madina había perdido sus dos piernas en un atentado etarra. ¿Fue una confusión? No lo fue, Arenas actuó en plena lógica con sus ideas: Madina, por más que hubiera padecido un atentado y resultado amputado traumáticamente, no era una víctima del terrorismo, porque para ser tal no hay que haber padecido en sus carnes la violencia terrorista, ya que para ser víctima del terrorismo sólo es necesario el pertinente certificado emitido en la calle Génova. Una vez establecido y domesticado el grupo de víctimas de verdad, el PP desea otorgarle una posición política que no tiene cabida en nuestra Constitución, sí, ésa de la que tanto hablan los del PP. Los populares mantienen que cualquier medida que el gobierno tome en relación con el terrorismo de ETA debe estar consensuada con las asociaciones de víctimas, pero con las de verdad. Los populares quieren violentar el sistema democrático y otorgarle a una asociación privada un derecho a veto que además de inconstitucional, es profundamente antidemocrático. Le guste o no le guste al Partido Popular la soberanía popular reside en las Cortes Generales, elegidas el pasado 14 de marzo de 2004 y no en una o en varias asociaciones de víctimas. Corresponde al gobierno, respaldado mayoritariamente por esas Cortes, decidir qué política antiterrorista se adopta. Ellos llevaron a cabo legítimamente cierta política exterior contra la opinión del 96% de los españoles, sobre el fundamento de una mayoría electoral. Algunos datos objetivos para aquellos que han olvidado la realidad. El PP no representa a la mitad de España, ya que sólo obtuvo 37.71% de los sufragios y ni redondeando generosamente se puede decir que se acercan a la mitad de los votos. El PP no tiene diez millones de votos, como Mariano Rajoy, ese presidente frustrado, dice continuamente, porque el PP obtuvo 9763144 votos: le faltan más doscientos mil votos para llegar a de tener los votos que dicen tener. José Luis Rodríguez Zapatero no es presidente contra la voluntad de la mayoría de los españoles, sino gracias a la voluntad mayoritaria de los españoles, pues consiguió el apoyo de más de once millones de ciudadanos y esto es la palabra definitiva en un sistema democrático. Deben sentirse mal por haberse convertido en unos “pancarteros” o “en perros que ladran un resentimiento por la esquinas”. Las cosas, señores del PP, es muy sencilla: ustedes pueden ganar las elecciones y recudirle la condena a De Juana Chaos por escribir épica terrorista, como ya hicieron.
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