Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 28 de febrero de 2007
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La orientación religiosa del voto
Manuel Calleja
Se aproxima un proceso electoral y con él algunos de los ritos que nuestra democracia ha generado en torno a los comicios. Las citas electorales son la piedra de toque para los políticos, son evaluados por los jueces más despiadados, los ciudadanos. Votar es sencillo. Uno va al colegio que le corresponde. Entra en la cabina, si le place y la hay, toma la papeleta de la candidatura, la introduce en un sobre y se dirige a la mesa. Con suerte, si no hay colas, su voto entrará en la urna y se marcha a casa. En mi opinión el proceso de decisión del voto, el que se hace en casa, en el trabajo, en la calle, es o debería ser más complejo, aunque no me considero con la autoridad de decirle a nadie cómo debería decidir su voto. Para eso ya tenemos a otros, que orientan en un camino o en otro. Quiénes orientan el voto a favor o en contra de una formación política democrática y legítima, de uno de los posibles programas dentro del orden constitucional, lo hacen porque no creen en la libertad de conciencia de los ciudadanos, porque temen a la libertad de los demás o porque piensan que las personas no tenemos conciencia moral. Se ha convertido en una costumbre que las diferentes opciones religiosas, siguiendo la inveterada tradición de intromisiones políticas de la confesión religiosa mayoritaria, emitan comunicados condicionando la pertenencia a una creencia determinada y la coherencia con los imperativos morales de ésta con determinada opción a la hora de expresarse en las urnas. La libertad es inherente a las personas. Los seres humanos tenemos una conciencia no sólo para elegir el programa de televisión que vemos a la hora de la comida o de la cena. La conciencia moral es una de las características humanas fundamentales y la conciencia moral puede desarrollarse y existir sin necesidad de ser dirigidas por instancias externas. Dirigir la conciencia moral de las personas, como es en el caso de la elección del voto, es considerar que las personas nunca somos adultos. Quién se deje intimidar por estas orientaciones, entra en una “autoculpable minoría de edad”, en palabras de Immanuel Kant. Considerar en conciencia todos los datos a la hora de tomar constituye una obligación, pero el hecho de someterse a un solo punto de vista, que sustituya la conciencia, o intentar imponer un voto refugiándose en la Divinidad es un ataque directo contra los principios morales más fundamentales. Los seres humanos somos libres, especialmente en lo que toca a las decisiones morales. La Humanidad entró en la edad adulta hace varias centurias, precisamente cuando se convenció que ella, por sí sola, podía descubrir la bondad o la maldad en sus acciones, que podía autogobernarse sin tener que recurrir a los intérpretes de los arcanos. La Humanidad necesita ejemplos de moralidad, no tutores; la Humanidad necesita exigencia en los propósitos y no moralistas que intentan sacar partido político de la victoria de un partido o la derrota de otro. El Partido Popular se indigna justamente con que la Comisión Islámica diga a los musulmanes que no deben votar a su formación política. Me gustaría creer que mostrarán la misma indignación cuando el padre Martínez Camino, al que conocí hace años, y toda la Conferencia Episcopal les indique a los católicos (bajo el eufemismo “orientaciones”) que deben votar a un partido que tenga exactamente el programa del Partido Popular. Espero que el PP en general, y la señora Bel en especial, sigan manteniendo que la libertad de conciencia es el fundamento de la democracia y que no consienten que la religión interfiera en la libertad del votante, incluso cuando les beneficie electoralmente.
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