Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 3 de enero de 2007
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Un gobierno soviético
Manuel Calleja
La antigua Unión Soviética ha pasado a la Historia por haber protagonizado páginas verdaderamente criminales en el decurso del acontecer humano. El sistema soviético tenía grandes problemas intrínsecos, que palidecen después de años de barbarie, especialmente bajo el poder de Stalin. Estos problemas intrínsecos ocuparon en su momento un lugar de peso en el análisis político. La unión Soviética tenía una burocracia absolutamente desmedida. Los departamentos se duplicaban, triplicaban o cuadriplicaban, se solapaban las competencias, pero a la hora de la verdad, la de asumir responsabilidades por los desastres, nadie era realmente el competente y responsable de las calamidades. La joya de la burocracia soviética era la composición absolutamente desproporcionada de su gobierno, que en ocasiones tuvo más de setenta ministerios y que se reproducía en cada una de las repúblicas de mayor o menor rango del Estado soviético, a tenor de la Constitución de 1977. Esa inmensidad de departamentos ministeriales hacía inoperante al ejecutivo, de forma que el poder tendía a diluirse, a corromperse o a concentrarse en torno a camarillas dentro de los órganos del Partido Comunista. Podemos afirmar que el gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta tiene algo de gobierno soviético en lo que a su extensión, organización desorganizada y poca eficiencia administrativa. El Partido Popular compareció a las elecciones autonómicas de 2003 con el siguiente compromiso, contenido en la página 3 del texto: “Nuestras propuesta electorales [...] serán desarrolladas por un gobierno conformado por mujeres y hombres de reducido número y por tanto de reducido coste, con el apoyo de una administración racionalizada y profesionalizada”. La realidad no tiene nada que ver con la promesa y se asemeja peligrosamente a lo que era un gobierno en la Unión Soviética. El gobierno de reducido número está compuesto por dieciocho personas entre consejeros y viceconsejeros, más el Presidente, y según los datos de la oposición se ha procedido a contratar doscientos cincuenta asesores. Tomemos algunos datos de otras autonomías para ver que el número de miembros de consejeros no es tan reducido: en Castilla-León hay doce consejeros y ningún viceconsejero, en Navarra conforman a su gobierno once consejeros y ningún viceconsejero, en Extremadura son diez, Galicia tiene trece consejeros y Castilla-La Mancha trece consejeros y dos viceconsejeros, por sólo citar algunos ejemplos. Recordamos que el gobierno ceutí tiene siete consejeros y once viceconsejeros: dieciocho en total. A Extremadura le corresponde un consejero por cada 108.637,3 habitantes; Navarra tiene un consejero para cada 54.715,8; Castilla-La Mancha tiene una cuota de un consejero o viceconsejero por cada 128.817,4 habitantes. La relación entre habitantes y miembros del gobierno del Partido Popular de Ceuta es que a cada 4.214,5 ceutíes le corresponde un miembro del gobierno. Si aplicáramos la proporción de Juan Vivas a las autonomías antes citadas, que tienen muchísimas más competencias, Extremadura tendría 257 consejeros y viceconsejeros, el gobierno de Navarra tendría 142 y el de Castilla-La Mancha reuniría 458 miembros. Siempre nos queda el consuelo de que en algo Juan Vivas no se comporta como un ferviente seguidor de Imbroda, pues el gobierno melillense tiene veinticinco miembros y una proporción de un miembro del gobierno por cada 2674 ciudadanos. Los números prueban que el gobierno de Juan Vivas no es reducido ni de bajo coste, sino que es un gobierno gigantesco y supone una factura realmente gravosa a las arcas de la Ciudad. La otra consecuencia es que el poder se encuentra diluido entre las diversas camarillas del Partido Popular, atendiendo cada miembro del gobierno más a los intereses de su facción partidista que a los intereses de Ceuta, que prometieron o juraron proteger en el momento de su toma de posesión. El gobierno del Partido Popular está asimilando Ceuta a la Unión Soviética. Ya tenemos un gobierno digno del más recalcitrante dirigente del PCUS. Juan Vivas se ha encargado personalmente de que la economía de Ceuta se parezca cada día más a la de la Unión Soviética, esto es, dependencia absoluta de los fondos públicos, junto a la eliminación y obstaculización de toda iniciativa privada. Por el bien de todos, esperemos que la sovietización de Ceuta se pare al menos en estos puntos.
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