Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 31 de enero de 2007
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Ideas marxistas
Manuel Calleja
La propuesta de recargar las viviendas desocupadas, en medio de la burbuja urbanística que vivimos, no es ni una idea nueva ni patrimonio de un solo partido político, ya que todos los grupos han defendido diferentes formas de estimular la salida al mercado de las viviendas vacías y cerradas a través de la fiscalidad. Lo que sí es novedoso es que para juzgar a estos estímulos fiscales recurra a argumentos añejos, desfasados y anticuados. El senador y ex consejero Nicolás Fernández ha manifestado que la propuesta de penalización fiscal de las viviendas vacías era “marxista”. Es fácil comprender qué entiende el senador por marxista, pero también hay que indicar su concepto de “marxista” anda un poco descaminado. Él pretende dar a entender que la utilización que los recursos del sistema fiscal proporciona a las Administraciones para poder incidir en el mercado es una “idea marxista”, con toda la carga peyorativa que tiene este adjetivo. Saber cuándo el senador Nicolás Fernández pone el inicio del Marxismo es un tarea harto compleja, ya que la identificación entre el empleo de la fiscalidad con fines de transformación social y el Marxismo podría llevarnos a conclusiones simpáticas y absurdas. Siguiendo la comprensión del Marxismo de Nicolás Fernández, el príncipe romano Octavio Augusto hubiera sido una marxista de primera fila, ya que hizo aprobar la “Lex iulia de maritandis ordinibus” en la que se establecían cargas fiscales para aquellos ciudadanos romanos que no tuviesen descendencia legítima. Los procuradores de las Cortes castellanas de 1431, reunidos en Palencia, seguramente estaban leyendo El Capital cuando votaron mantener determinados recargos fiscales en la recopilación de ordenanzas que aprobaron. Para el senador Nicolás Fernández todo lo que sea una modificación de la fiscalidad para incentivar o desincentivar una acción u omisión es marxista, y por tanto nefando. Seguramente también le parecerá que las reducciones por hijos y personas dependientes a cargo es una maniobra marxista para destruir la sociedad. Marx y Engels deben estar detrás de la deducción de la cuota líquida del IRPF de la que nos beneficiamos los trabajadores ceutíes. Un oscuro comité del Partido Comunista de la Unión Soviética debe estar conspirando continuamente para que se incentive fiscalmente a las empresas para que contratación a personas con alguna discapacidad. La elección y uso de unos u otros adjetivos es gratuito, pero sí tiene sus consecuencias. Cuando un adjetivo como “marxista” se emplea mal, hay que indicarlo y extraer los absurdos que genera esa falta de criterio a la hora de hablar. Podría haber dicho el senador Nicolás Fernández que esa medida le parece desacertada, poco conveniente, de difícil implantación o que plantea problemas técnicos. También podría haber manifestado que el senador que prefiere proteger a las personas que creen que la propiedad no tiene una función social (como indica el artículo de 33.2 de la Constitución); igualmente tenía la posibilidad de mostrarse más partidario de los intereses de los propietarios de casas vacías que de la protección del derecho de los jóvenes a acceder a una vivienda digna. No ha dicho lo que realmente piensa y se ha equivocado. En adelante sería conveniente que seleccionara con más tino los adjetivos que emplea, además de comprobar el significado de ellos, no vaya a volver a decir cosas que no tienen el menor sentido.
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