Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 6 de diciembre de 2006
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La Constitución de Vivas
Manuel Calleja
Una Constitución es una norma jurídica en la que las comunidades de ciudadanos expresan tanto sus aspiraciones como los medios para hacerlas posibles. Siempre hay una diferencia entre lo que se recoge en el documento y la realidad cotidiana. Los gobernantes tienen la obligación ineludible de que la diferencia entre el documento y la realidad sea la menor posible. Una constitución no sólo está para tenerla y celebrarla. Una constitución hay que materializarla, no sólo con actos mediáticos, días conmemorativos o con declaraciones más previsibles que brillantes. Una constitución sólo puede materializarse en la conciencia colectiva de los ciudadanos. La Constitución sólo tiene sentido si los preceptos que recoge comienzan a desarrollarse en la vida de los ciudadanos, de los españoles y más concretamente de los ceutíes. Los mandatos contenidos en la Constitución de 1978 obligan a todos los poderes públicos, según reza el artículo 9, y dentro de los poderes públicos se encuentra, como no podría ser de otra manera, la Ciudad Autónoma de Ceuta. Al Presidente Vivas y a su gobierno les corresponde un papel importantísimo en que la Constitución Española no sea sólo un documento, sino que se convierta en algo palpable en la vida diaria de los ceutíes. El texto constitucional arranca con la proclamación del pluralismo político como uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento. Mientras tanto el gobierno Vivas se permite ir recordándole dependencias jerárquicas en su puesto de trabajo al que osa criticarle (por muchos perdones que hayan pedido). La Constitución protege (art. 20) la libertad de expresión, pero el gobierno del Presidente Vivas sólo acepta y ampara la expresión de quiénes se deshacen en alabanzas y loas hacia ellos, para los que preguntan sólo les cabe la descalificación o el ostracismo. La Constitución Española abre su catálogo de derechos con la igualdad (art. 14), pero el Presidente Vivas y su séquito distinguen constantemente entre ciudadanos del centro, ciudadanos de las barriadas, ciudadanos de tercera y ciudadanos sin categoría ninguna. Nuestra Carta Magna obliga a que el mérito y capacidad sean los principios fundamentales a la hora de acceder a la Función Pública (art. 103.3) y los ceutíes, sin “suerte”, no paran de gastarse el dinero inútilmente en temarios para oposiciones en la que su único consuelo es el ya manido “para la próxima será”. Uno de los pilares básicos en los que se sustenta un Estado democrático es la separación de poderes. Mientras el presidente del Partido Popular de Ceuta acusa a otros de presionar a la Fiscalía, olvidan rápido que Luis Vicente Moro y otras personas allegadas al anterior Delegado del Gobierno tienen que comparecer en juicio, en próximas fechas, acusados de cuatro delitos contra un magistrado en el ejercicio de sus funciones jurisdiccionales. El derecho al trabajo (art. 35) es prácticamente una quimera para muchos jóvenes, y no tan jóvenes, de nuestra ciudad. El Presidente Vivas y su gobierno han empleado millones de euros procedentes de fondos europeos sin ningún resultado tangible. En vez de salvaguardar e incentivar la libertad de empresa (art. 38), el Presidente Vivas se ha dedicado a subsidiar a un comercio y a unos empresarios anticuados que machacan a los ceutíes con precios abusivos. La consecuencia es que se está impidiendo la iniciativa de nuevos emprendedores ceutíes, para que los de siempre sigan viviendo como reyes con los mismos argumentos de crisis permanente, que repiten hasta la saciedad desde hace veinte años, mientras disfrutan de todas las exenciones fiscales posibles. El gobierno Vivas ignora la norma constitucional que exige que las Administraciones sean eficaces (art. 103.1) y ha hecho de la Administración de la Ciudad Autónoma un aparato torpe, pesado e inoperante, que absorbe buena parte del presupuesto de la Ciudad, quitándolo de las inversiones en servicios e infraestructuras que Ceuta necesita. El artículo 47 reconoce el derecho a disfrutar de una vivienda digna. El resultado de la gestión del Presidente Vivas en vivienda son: pocas viviendas, adjudicaciones siempre polémicas e incluso el reconocimiento por parte el ex consejero Cucurull de que se han entregado casa a marroquíes. Eso sí, nunca falta ningún anuncio estelar, sin pudor a hacer el ridículo, que quiera contabilizar como vivienda construidas por el gobierno de Vivas hasta las que hacen y pagan los particulares. Ignoro cuáles son las palabras que el Presidente Vivas pronunciará en el acto institucional que tiene preparado para el “Día de la Constitución”, pero sus palabras serán una expresión más de la diferencia entre lo que queremos ser los ceutíes, lo que expresa nuestra Constitución, y la realidad a la que el Presidente Vivas y su gobierno nos están condenando.
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