Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 29 de noviembre de 2006
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Juan Vivas sigue tirando el dinero
Manuel Calleja
La semana pasada asistimos a la inauguración del despilfarro de la Plaza de los Reyes. Los gastos que la Ciudad tiene en materia de menores (y que pide que el Estado pague) han sido el centro de atención de los medios esta semana. En un principio la Ciudad tiene todo el derecho de pedir la ayuda del Estado, pero lo pierde cuando se comprueba cuáles son los gastos y cuáles son los problemas a los que hay que hacer frente. Es fácil pedir, pero lo que es realmente difícil es gestionar correctamente, un verdadero ideal inalcanzable cuando se trata de Juan Vivas y de su gobierno. Según los datos que ha proporcionado la oposición, un menor le cuesta a la Ciudad más de 40.000 pesetas al día por niño. Una cifra mucho mayor de la que se emplea para ello en cualquier otro lugar de España. Si este gasto estuviera ocasionado porque nuestros gobernantes piensan que los niños se lo merecen todo y que no hay que escatimar un solo euro en ellos, no habría que añadir nada más. Pero lamentablemente parece que la realidad no es así. Este gasto salvaje está ocasionado por la desidia y el descontrol que caracterizan a la Administración Autonómica que tenemos, llegándose a la paradoja de que sería más barato que cada menor tuviera una habitación individual en el Hotel-Parador “La Muralla” que mantener la actual estructura de atención. Este dineral se va en pagar sueldos astronómicos, como el de Miguel Fábregas, director general de menores. Este señor cobra, según los Presupuestos de la Ciudad, una cantidad de más de 920.000 pesetas mensuales. Su remuneración es superior a la de casi todos los miembros del actual gobierno de la Ciudad. Lo más grave es que el monto anual de su sueldo es superior a los gastos de funcionamiento presupuestados para el centro de menores de “Punta Blanca”, muy similar al centro de “San Idelfonso”, diez veces superior a los gastos de funcionamiento de todo el departamento de menores y otras tantas veces más que los gastos presupuestados para toda el área de menores, así como lo consignado para el servicio de “medio abierto”. Al excesivo coste salarial del director general, hemos de añadirle los dos asesores al servicio de Miguel Fábregas, con una percepción mensual de más de medio millón de pesetas cada uno de ellos. Nadie podrá extrañarse que, con estos dispendios monetarios destinados a la nómina del director general y de sus dos asesores, la gestión de los menores en Ceuta sea deficitaria y que Ceuta necesite pedir más dinero al Estado, en vez de reducirles el sueldo al director general y a sus dos asesores, como primera medida de austeridad. Si éste es el coste de que Miguel Fábregas y sus asesores nos distingan con el honor de trabajar para Ceuta, cabría plantearse alternativas más eficientes y menos caras. Es razonable pensar que la desproporción entre lo que cuesta un menor en la Península y lo que cuesta en menor en Ceuta no redunda en que estos menores reciban unos servicios y atenciones de una calidad tal que justifiquen la diferencia de gasto entre en un lugar y en otro. La explicación no es otra que la dirección general de menores funciona ajena a cualquier criterio de eficiencia. La Ciudad pierde dinero como el agua desaparece por un colador. La solución que propone el Sr. Vivas al pleno de la Asamblea es pedir constantes préstamos a entidades financieras para hacer frente a los despilfarros que él ordena, dirige y consiente. Cuando Juan Vivas llevó al pleno la solicitud de un préstamo muy superior a la cantidad necesaria para cubrir la necesidad que lo causaba, Emilio Carreira dijo que era para andar “desahogados de dinero”. No es comprensible que se recurra al endeudamiento para tener dinero por el simple motivo de “andar desahogados”. Sinceramente esperamos que la diferencia entre lo que se necesitaba y lo que se solicitó no tenga nada que ver con el pago de sus nóminas a los empleados públicos de la Ciudad. Sería terrible que la Ciudad, en noviembre, no tuviese recursos suficientes dentro de sus ingresos y gastos presupuestados para pagar a sus empleados, incluidos Miguel Fábregas y sus dos asesores.
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