Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 15 de noviembre de 2006
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José Luis Morales y la libertad de expresión
Manuel Calleja

La pasada semana estuvo marcada por la sensación de que muchas veces la democracia que vivimos se encuentra en peligro. El dirigente socialista  Gonzalo Sanz fue blanco de un curioso recordatorio de su condición de funcionario local así como de quién es su jefe, ante las críticas políticas que realiza al gobierno de la Ciudad. Los que somos funcionarios tememos este tipo de recordatorios y pensábamos que eran propios de otra época. El autor del recordatorio es José Luis Morales, consejero de Presidencia.

El gobierno de la Ciudad se ha mantenido silencioso hasta el viernes. La portavoz del gobierno, Yolanda Bel, no ha tenido mejor idea que decir que el curioso recordatorio de José Luis Morales contra Gonzalo Sanz se encuentra amparado por la libertad de expresión. No se me ocurre mejor denominación para esta teoría que la de “doctrina Bel”.

La “doctrina Bel”, que ingenuamente podríamos tomar como válida, puede ser muy peligrosa. Aplicando rigurosamente esta doctrina podríamos decir que la apología del terrorismo forma parte de la libertad de expresión y que esté considerada como un delito por el Código Penal no es correcto; también se podría mantener que la exaltación de la violencia contra las mujeres es una manifestación del mencionado derecho fundamental; igualmente, siendo fieles a la “doctrina Bel”, estaríamos capacitados para concluir que la defensa de la supremacía de una raza sobre otra y la alabanza de la eliminación de los más débiles de nuestra sociedad es una opinión más entre las posibles y aceptables.

Buscar una justificación a lo que no lo tiene es perder una buena ocasión para el silencio y acabar dando un amparo no pretendido a opiniones y posturas que todos los demócratas detestamos. En vez de perder el tiempo con palabras vanas, lo deseable era  que Juan Vivas hubiera atendido las peticiones de todos los partidos de la oposición, de los sindicatos y de la junta del personal de la Ciudad Autónoma para cesar a José Luis Morales por dar esos curiosos recordatorios. Los funcionarios que militan en partidos de la oposición no padecen amnesia y no necesitan que él les recuerde cuál es el puesto de trabajo que tienen y que ganaron en una oposición.

Me uno a las palabras de Carmen Echarri, directora de este periódico, cuando se preguntaba en su columna sobre cuál hubiera sido la reacción de Juan Vivas y del Partido Popular si el funcionario hubiese sido un militante popular y el recordante un cargo socialista. Deberían ir Juan Vivas y Yolanda Bel a explicarles a los concejales vascos del PP y del PSOE que los que han llenado sus vidas de sombras y escoltas sólo ejercen su libertad de expresión.

El colmo de la semana se dio el viernes, cuando José Luis Morales arremetió contra el pueblo ceutí al decir que “si los ceutíes, como parece, no se mueven por nada, no van a conseguir nada”, añadiendo para no dejar lugar a dudas: “esta respuesta a una convocatoria digna de elogio ha sido una vergüenza”. Se olvida de dos detalles importantes el consejero de Juan Vivas: la primera es que el gobierno ha sido elegido para liderar a la sociedad y no para esperar a que se manifieste para poder actuar; la segunda es que la ciudadanía, en sus acciones y omisiones dentro de la legalidad, tiene que ser respetada. Éste es el pensamiento que José Luis Morales expresa: rechazo hacia todo el que no piensa como él o no actúa como él. ¿Por qué Yolanda Bel no ha defendido estas palabras de su compañero sobre los ceutíes como parte de la libertad de expresión y se ha esforzado en decir que el gobierno de la Ciudad respeta a los ceutíes? ¿No se encontraba igualmente amparado por su libertad de expresión cuando atacaba a los ciudadanos para tener que ser corregido por Yolanda Bel?

El hecho de que, el día de ayer, José Luis Morales haya rectificado, después de días de escándalo, sólo indica que lo ha hecho a destiempo e involuntariamente. Ha dicho que su intención no era amenazar a nadie, lo cual deja en el aire una cuestión más peliaguda aún: ¿Por qué entonces lo dijo? ¿Acaso Gonzalo Sanz y todos los funcionarios locales no saben lo que son y que Juan Vivas es su jefe? ¿Qué necesidad tiene José Luis Morales de recordarlo?

José Luis Morales, en lo que deseablemente debería ser su último acto político, quiso enmendar su error haciendo suyas algunas de las ideas que el diputado socialista, Sergio Moreno, le proporcionó desinteresadamente en la rueda de prensa del lunes. Esta extemporánea y obligada corrección no quita gravedad a los peligros inherentes a la “doctrina Bel”, ni redime en lo más mínimo el silencio cómplice y cobarde de Juan Vivas.

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