José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.
En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital. |
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Desde la península
Ceuta, 30 de enero de 2010
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Pensiones
José Sogorb
Yo no sé de que va. Al Gobierno de Zapatero se le están echando encima hasta los colectivos ideológicos más afines. Esos 'volantazos' hacia la derecha con la aprobación de ciertas medidas entre las que destaca el retraso de la jubilación a los 67 años -más propias de políticas conservadoras capitalistas y neoliberales que de una acción progresista socialdemocráta- en un escenario de grave crisis económica no ha gustado ni a propios ni a extraños. Los sindicatos de izquierda más representativos se han encarado y rebelado y ya ha empezado en cadena sucesiva una ristra de críticas desde diversos sectores de la sociedad española. Estoy seguro que aumentar a 20 años ese mínimo de 15 años trabajados cotizados necesarios para cobrar la pensión por jubilación y retrasar a 67 años la edad legal obligatoria para retirarse laboralmente -es mejor decir claramente, 'al revés te lo digo para que me entiendas', que se incrementan 2 años, que habrá que currar 24 meses más- no le ha gustado a la mayoría de españoles ideologías aparte. Y convencido estoy de que a los autónomos no les 'molan' estas medidas. Y no digamos a los obreros. O si no, que le pregunten a un albañil con mas de 40 años trabajados -si es que quedan, y los pocos existentes serán 'leyendas vivientes, rara avis', dado como está el 'ladrillo'- que a los 60 se encontrará más quemado que la pipa de un indio y con unas ganas de descansar y abandonar el andamio, que tiene que seguir 'currando' hasta los 67. ¡Se pillaría un rebote...! Evidentemente estas acciones, que fueron criticadas y valoradas por detractores y partidarios, no tuvieron el apoyo del 100 por cien de la población ni de la totalidad del arco parlamentario, pero si al menos la mayoría suficiente para ser aprobadas y aplicadas. Estas medidas hicieron bien a mucha gente a pesar de sus contrarios y personas que no pudieron o no quisieron beneficiarse de ellas. Igualmente, es de elogiar que Zapatero y sus ministros se opusieran y sigan oponiéndose a la exigencia capitalista de la patronal de abaratar el despido y liberalizarlo aún más. En este tema, la postura del Gobierno ZP es la de proteger a la pobre y desfavorecida clase trabajadora: por lo que se escora a la izquierda o centro izquierda, algo lógico tratándose de un Ejecutivo progresista y socialdemócrata. Habrá quién no esté de acuerdo, normal y lícito, pues para cualquier Gobierno es imposible la perfección y la totalidad. Vale. Les mueve una buena idea, una buena intención, aunque no veo las ventajas de jubilarse dos años más tarde y con veinte años cotizados en vez de quince. Esto afectaría negativamente a la gran mayoría de ciudadanos a los que les estaría vetada la jubilación anticipada, sobre todo a quienes por razones de peso como la salud, lo necesiten. Sin embargo, habría diferencias de clases porque los altos ejecutivos -también los políticos y los millonarios- sí que podrían jubilarse anticipadamente. No hay derecho ni es justo que todo un alto ejecutivo presidente de un grupo bancario se prejubile anticipadamente con una pensión estatal y una paga empresarial millonarias. Y a los demás que les zurzan. Si se aplican estas reformas, se fastidiarán muchas personas. Pagarán justos por pecadores y los efectos o consecuencias no resultarán tan benignos como el Gobierno ZP cree. Van a cortar la tajada del pastel por un sitio que dañaría a bastantes colectivos y ciudadanos. Si se trata de apretarse el cinturón -y el sistema de pensiones es objetivo de ello- el Gobierno 'ahorraría' mucho más si redujera en un mínimo 25 por cien -como han hecho para afrontar la crisis en países nórdicos más avanzados que el nuestro como Islandia- los sueldos de los políticos parlamentarios -includo el propio Ejecutivo- de cualquier cámara, sea autonómica, provincial, local, nacional y europea. Esto, además de una actuación socialista, sería un ahorro, tan considerable que aliviaría la economía a niveles elevados, suponiendo poder recaudar más o destinar dinero a cosas vitales como el desempleo y las pensiones no se tocarían para nada procurando buena salud y supervivencia. ¡Qué se bajen los sueldos los políticos y los altos ejecutivos y que dejen las pensiones como están! Pero no caerá esa breva.
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