José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.

En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital.







Desde la península
Ceuta, 13 de julio de 2008
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Otra vez Ceuta y Melilla o el abrazo del oso
José Sogorb

Otra vez Ceuta y Melilla. Otra vez Marruecos y España. De nuevo los mismos protagonistas: Zapatero, El Fasi, Mohamed VI y Moratinos. Vuelve la amenaza del 'contencioso' sobre estas ciudades aunque ahora al menos más sutilmente, suave y de  'buen rollito' que el pasado año cuando la visita real levantó airadas reacciones en el vecino reino alauita.

El presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero y el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se reunieron con el primer ministro marroquí Abas El Fasi y con el Jefe del Estado de Marruecos, el sultán Mohamed VI, curiosamente en el aniversario de la toma del islote Perejil. Una mera coincidencia porque dudo de que existiera intencionalidad en la fecha ya que las autoridades marroquíes evitan recordar un hecho que califican de humillante. Y es más, el propio rey alauita fue quien puso la fecha a una reiterada petición española de diplomática reunión bilateral.

Sorprende -o quizá no, incluso se esperaba- que Zapatero se mostrara tan risueño, sonriente y hasta alegre tanto en la cumbre como en la posterior rueda de prensa. Que un encuentro diplomático -y más con estos vecinos, concretamente- debe ser relajado, distendido y cordial amén de amistoso; nadie lo cuestiona. Pero de aquí, a un exceso de euforia con cierta comicidad graciosa, va un trecho. Las sonrisas de oreja a oreja, -como las de Zapatero en esta cumbre- hasta el abuso o exceso, no son buenas en un estadista o en un diplomático porque dan imagen de ligereza, de poca seriedad, o de que en vez de ir a trabajar por España se haya ido de viaje de placer.Tampoco hay que irse al otro extremo y poner cara de funeral. Naturalidad con cordialidad y una mezcla de rigor y firmeza ante aquellos intereses escabrosos que sean innegociables e inamovibles -Ceuta y Melilla- sería el término centro ideal o punto de equilibrio como actitud ante Marruecos.

Me da la impresión de que Zapatero ha ido a 'hacer la pelota' un poco a Mohamed VI y su Gobierno para recuperar el clima de cordialidad entre ambos países que estaba 'levemente congelado'. Ambas partes han hablado -me parece correcto, adecuado y necesario- de inmigración, terrorismo, problemas fronterizos, comercio, presencia de empresas españolas en Marruecos, etcétera. Pero también han tocado el tema la quimérica 'devolución' de Ceuta y Melilla aunque en la vista con Mohamed VI se eludió profundizar el asunto si bien se rozó por encima.

Verdaderamente, fue el primer ministro alauita El Fasi quien tras el encuentro real declaró a los medios de comunicación de forma clara y reindicativa la necesidad de 'recuperar los territorios ocupados de Ceuta y Melilla' defendiendo que Marruecos no renuncia a ellos, manteniendo la aspiración marroquí sobre estas ciudades norteafricanas españolas que jamás han sido de Marruecos. Si no se tocó el tema o se hizo levemente ante el sultán, el hecho de que después Al Fasi lo abordara sin tapujos demuestra que en el fondo Marruecos no ha variado su postura de hacerse con Ceuta y Melilla y que mantiene el mismo doble lenguaje diplomático de siempre -aunque ahora menos tenso y más suave o calmado- sin que signifique renuncia alguna a sus pretensiones. 

Mohamed VI no es tonto. Con Zapatero, sutileza. Los temas fuertes se los deja a su primer ministro para que los airee con firmeza como vocero suyo que es. Así actúa, diplomáticamente hablando, con dobles lenguajes. Estirando y aflojando. Y con España, pues que no le interesa enemistarse seriamente. Prefiere estar a bien y a buenas, mientras invirtamos los españoles en Marruecos, nuestro Gobierno les envíe ayudas económicas y nuestras empresas se instalen en el vecino país; entre otros muchos intereses y largas aspiraciones. Por eso, sigo pensando que Marruecos nunca nos dejará en paz en el tema de Ceuta y Melilla pero con altibajos, porque en unas épocas endurecerá su postura, en otras ocasiones callará y en las demás se mostrará moderado. Pero renunciar a Ceuta y Melilla definitivamente para siempre, abandonar su reivindicación y reconocer la innegociable españolidad de ambas ciudades; sería una utopía que Marruecos -creo yo, ojalá me equivoque- jamás realizará a no ser que firme un tratado en tales términos y ante la ONU admita semejante renuncia. No es imposible -la Historia nos muestra que los tratados se cumplen y lo que se firma va a misa, valga la expresión- aunque a mi juicio lo veo muy difícil.

Mientras, nuestro cojonero e incómodo vecino, ese que se jacta de ser 'hermano' de nuestro rey, dió su abrazo fraternal al presidente español. Un abrazo bajo cuyas manos se escondieron unas garras. Fue el habitual abrazo del oso con el que se nos obsequia tras cada cumbre y cada vez que se habla de Ceuta y Melilla. Me da repelús.

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