José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.
En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital. |
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Desde la península
Ceuta, 10 de junio de 2007
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Bodas, casamientos, casorios
José Sogorb
Estamos en época de bautizos, algo de comuniones y muchas bodas tanto por lo eclesiástico como por lo judicial. Una temporada ‘alta’ en estos tipos de celebraciones, que abarca desde marzo a septiembre. Ahora es principio de junio y faltan algo más de 15 días para el inicio del solsticio de verano. Vienen bodas, casamientos y ‘casorios’. Con esta palabra popularmente conocemos o llamamos jocosamente a todo lo referente a cuando dos personas –hoy, civilmente del mismo o distinto sexo- deciden unir sus vidas ante el sacerdote, el juez, el alcalde o cualquier concejal. Se da más o menos un empate sobre el nivel de uniones y al índice de separaciones/divorcios en todo el Estado. España es el lugar de la UE donde más han aumentado las rupturas, aunque las bodas, según unas encuestas u otras, han descendido levemente o tal vez se mantienen. Lo fuerte de todo el ‘tinglao’ matrimonial es el millonario gasto total en: traje, vestido, coche, misa, fotógrafos, banquete, viaje de luna de miel. Una friolera cantidad alrededor de los seis mil euros o incluso superior, de forma que muchos novios se empeñan hasta las cejas -más de lo que ya están- en créditos a larga temporalidad no solo en el piso o vivienda sino también en todo aquello de la boda. Asi que más de cuatro se quedan ‘tiesos’ y con el bolsillo vacío o lleno de polvo y telarañas. Llámese ‘deudas’. Y los que hacen el ‘agosto’ o se enriquecen son los restaurantes, las tiendas de ropa de novios –para mayor ‘inri’ si son franquicias– las empresas de despedidas de soltero –actividad asimismo cara y a veces problemática con excesos– las agencias de alquiler de ‘limusinas’, etcétera; porque las mises son lo más barato del ‘tinglao’ casatorio y los actos en juzgado y alcaldía son gratuitos. Menos mal. Según la envergadura y el coste económico clasificamos como ‘boda’ cuando se celebra por todo lo alto -boato–, consideramos ‘casamiento’ para una cosa media –normal-, y decimos ‘casorio’ a aquello que resulta más asequible, ahorrativo –o pobre– y rápido. Aunque puedan significar lo mismo; son tres estados, categorías, niveles o escalafones diferentes. En definitiva, casarse es un lujo y un derroche. Si hubiera humildad y austeridad…
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