José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.
En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital. |
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Desde la península
Ceuta, 13 de mayo de 2007
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Comuniones
José Sogorb
Ya estamos casi a mitad de mayo. El mes por antonomasia de los trabajadores, de las flores –y de las alergias, que todo hay que decirlo- de la Virgen María y de las andaluzas Cruces floridas multicolores. Pero también es temporada de campaña electoral y elecciones, aspectos éstos que dejaré para el próximo artículo.
Pero si en algo destaca este mes de mayo es precisamente en cuanto a Primeras Comuniones. Todos los fines de semana de mayo, principalmente los domingos, se celebran desde tiempos inmemoriales las ceremonias de la primera eucaristía para niños y niñas. Que quieren que les diga, sino que respeto enormemente al prójimo en cuanto a la libre elección de hijos y padres, de llevar a cabo o no, la 1ª Comunión. No es de recibo que un niño o una niña, en el fondo, desee hacer la Primera Comunión por mor de regalos, banquetes y de lucir trajes de marinero, almirante, de novia o de ‘princesita sissi’. Si estas sensaciones las tienen la mayoría de ellos, si es asi como valoran un acto ritual y serio de compromiso doctrinal para con la religión católica, es que algo falla en el sistema. Los niños de tan temprana edad carecen de opinión y de convicciones propias. Son el reflejo de los padres y repiten lo que éstos les inculcan. Asi que, el desmesurado materialismo que muestra la mayoría de la chiquillada comulgante, se debe a sus progenitores, que suelen ser malos y nulos practicantes y que incluso siendo ateos o anticlericales deciden que sus retoños hagan la 1ª Comunión, ‘porque es tradicional, los demás -vecinos, amigos- también la hacen, hay muchos regalos, se luce un bello caro traje o vestido y se producen alegría e ilusión junto a la juerga en el banquete donde reunimos a la familia’. Toma ya. Lo más penoso de todo esto es que muchos de los padres se empeñan y se endeudan hasta las cejas con préstamos y créditos durante varios años para pagar todos los gastos y costes de una 1ª Comunión que llega a ser casi tan cara como una boda. Si algunos padres pueden pagarlos, allá ellos, pero las familias que no llegan a final de mes y no se privan de tales ‘extras’, pasan dificultades, por lo que deberían ser más humildes y evitar calentar el endeudamiento familiar en la economía de unas ciudadades como Ceuta y Melilla donde el porcentaje de paro es elevado. La Primera Comunión debería ser una sencilla pero modesta ceremonia sin faustos ni ostentaciones opulentas. El niño o la niña que comulgue austeramente, vivirá la eucaristía igual de emocionado e ilusionado que quienes lo hacen entre excesos materiales. Con austeridad reduciriamos el endeudamiento familiar y se comulgaría por convencimiento religioso. Fíjense si todo esto es serio, que hasta la mismísima Iglesia –que también sabe de lujos y derroches- ha alertado sobre el problema. Por algo será.
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