José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.
En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital. |
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Desde la península
Ceuta, 21 de junio de 2006
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Denuncia, que algo queda
José Sogorb
La Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad Autónoma de Madrid, reconoce la existencia de problemáticas que complican y dificultan la aplicación de soluciones al maltrato infantil y alega carecer de datos e información suficientes que reflejen la verdadera magnitud y gravedad de la situación con una valoración ajustada a la realidad. Asimismo, se queja de que tan solo y únicamente salga a la luz un mínimo y reducídisimo porcentaje de casos de maltrato infantil; aproximadamente entre el 10 y el 20 por ciento de situaciones y casos, generalmente los más graves, contundentes y violentos. Asegura que sólo trascienden casos extremos en que es inevitable la asistencia sanitaria o cuando el maltrato deja signos externos evidentes y visibles para los especialistas que atienden y tratan diariamente al menor, como los profesores, desde las escuelas; casos graves o extremos de maltrato que se generan más veces y con mayor virulencia en la primera infancia, etapa en que los niños son muy sensibles y vulnerables, necesitando más cuidados y atenciones o cuando menos se pueden defender y proteger y cuando son menos visibles para la sociedad, especialmente si no acuden a ningún colegio. Tal oficina tramitó 68 expedientes de maltrato infantil de suma gravedad sólo en la Comunidad Autónoma de Madrid. Esto nos da la idea de cuál sería el porcentaje a nivel estatal. Si una de las 19 autonomías registra 68 casos, tiemblo de pensar los que obtendría el Estado Español en su totalidad. Pues bien, la mayoría de los 68 casos, exactamente el 40 por ciento, fueron de naturaleza física, produciéndose 18 dentro del ámbito familiar y el resto se trató de maltratos causados por adultos no familiares, siendo tres de éstos, provocados por profesionales en contacto directo con los menores. Curiosamente, tres de los expedientes tramitados evidencian que las agresiones las padecieron chicas adolescentes a manos de sus parejas y es de agradecer que un número de personas se decidiera valientemente a denunciar ante el Defensor del Menor en Madrid los casos de maltrato infantil y juvenil. La mayoría, denunciados por profesionales en contacto con los menores niños y jóvenes adolescentes. En segundo lugar, por la propia familia y, en el resto de los casos, por amigos menores de edad, ciudadanos testigos públicos del maltrato o por vecinos que oyen llorar insistentemente a un niño por el patio o que escuchan los gritos e insultos que profieren los adultos al cargo del menor. Otras denuncias fueron de testigos de la calle, como en aquel caso en el que un adulto abusaba sexualmente, en forma de tocamientos, de una niña en la parada del bus del colegio, por lo que la segunda tipología de maltrato al menor más frecuente es el abuso sexual. En Madrid se tramitaron 23 casos que en su 60 por ciento resultaron ser de menores víctimas que no recibieron ayuda, prodigándose los abusos entre los siete y los doce años, en una proporción de dos a tres niñas por cada niño, por lo que en el abuso intrafamiliar o incesto existe un mayor porcentaje de niñas víctimas. Los agresores son varones en un 80-90 por ciento y personas conocidas por las víctimas en un 60 o 70 por ciento de los casos. Al contrario en los niños, cuyo 64 por ciento es causado por personas desconocidas. En maltrato psicológico se incoaron 16 casos, un 23 por ciento del total tramitado, siendo el más difícil de detectar y delimitar pues las secuelas que causa son imprecisas y confusas, atribuyéndose a patologías o a dificultades emocionales de diversos orígenes. Este maltrato tiene morfologías como crianza y atención afectiva inadecuadas, violencia familiar crónica, restricción de relaciones sociales, sobreprotección o excesivos patriarcalismo-matriarcalismo, exigencias y expectativas negativas o desaconsejables, intentos de suicidio, autolesiones. Un ejemplo de intento de suicidio estuvo en la queja presentada por un menor acerca de una amiga controlada por sus padres en exceso, maltratándola, tanto psicológica como físicamente; por lo que la víctima quiso suicidarse. El joven quería saber si el problema era denunciable y que consecuencias podría causar a su amiga, por lo que el Defensor del Menor le orientó sobre los consejos y recomendaciones para animar a la chica a pedir ayuda y se le facilitaron direcciones de organismos y teléfonos de los recursos a los que podría acudir. Hoy, meses ha, casi un año después, estamos seguros de que esta chica ha solucionado su problema, evitando suicidarse y encauzando su vida. En cuanto a Ceuta, Canarias y Melilla; la situación, la problemática y la casuística del maltrato al menor no les son ajenas pues las comparten con otras autonomías y coinciden con la de Madrid aunque los porcentajes varíen porque también las padecen tanto los isleños como los ceutíes y los melillenses. Quizá con mayor virulencia y frecuencia y no estando exentas de maltrato ninguna étnia ni confesión. En la actualidad, el maltrato ya se produce en todas las capas sociales, en cualquier colectivo, en todo nivel cultural; si bien abunda más y mayormente en las clases pobres de escasa cultura, de razas tercermundistas y con costumbres discriminatorias como el machismo o el autoritarismo patriarcal. Frente el serio y preocupante problema del maltrato, en este caso, al menor; es necesario e importante, reaccionar rápido, denunciando los casos, por leves que sean -antes de que se agraven- en las administraciones responsables y ante los profesionales competentes. La hostil y competitiva sociedad genera violencia y crea monstruos. Evitemos pues, que nos desborde el maltrato. Y tu, denuncia, que algo queda.
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