José Esteve Rico Sogorb (Elche, 1965), ha sido colaborador y redactor de los diarios El Faro de Ceuta, El Periódico de Ceuta, Área del Campo de Gibraltar y Diario de Elche, entre otros.
En su faceta como ensayista, poeta e investigador, ha publicado libros de ensayo, de investigación histórica y de poesía, siendo autor de cientos de artículos publicados en prensa impresa y digital. |
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Desde la península
Ceuta, 14 de marzo de 2006
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Un poco de cordura, señores
José Sogorb
Es penoso que Ceuta, una vez más, trascienda sus lindes territoriales por causas negativas. De nuevo, la opinión pública estatal se ha visto manchada por noticias desagradables acaecidas en ella. La ciudad caballa, tradicional y habitualmente, modelo de convivencias étnico-racial y culturo-religiosa, ahora resulta ser foco de críticas y su equilibrado civismo multisocial está siendo cuestionado no sólo dentro, sino también en el resto del Estado. Me apena cada vez que Ceuta aparece en los medios de comunicación peninsulares e incluso extranjeros por situaciones 'racistas y/o xenófobas'. Y lo lamento de veras porque estos asuntos no benefician para nada a la ciudad autónoma y menos aún a su gobierno y lógicamente a sus habitantes. Una ciudad autónoma que aspira a ser comunidad, con todos sus derechos, no puede ofrecer tan deplorable 'rostro'. La situación surgíó a raíz de la letra de la copla ganadora del concurso de carnaval ceutí. Tirios y troyanos andan enfrentados. De fondo, el Carnaval, preciosa festividad, cuestionado y afectada su imagen. He leído la letra de la discordia, y esa alusión a los 'turcos' como 'animales', entre otros aspectos, tiene un doble sentido que encierra cuanto menos subliminalmente un 'retintin' desagradable y molesto hacia cierta étnia, tirando por lo suave. Tal vez, los creadores de la letra actuaron sin ánimo doloso, sin intencionalidad de ofender, llevados por eso que caracteriza al carnaval: la mofa, la befa, la crítica, la sátira y la ironía hacia lo establecido, para con los poderosos y personajes públicos; que es el leit motiv del Carnaval. Que éste permita reirse o burlarse y criticar, no da licencia para sobrepasar límites ofendiendo principios constitucionales como la libertad de religión, alterando la convivencia interracial. Eso de que en Carnaval vale todo y contra todo, contra todos y contra cualquiera, debería ser regulado y controlado. Cuando con supuesta leve superficialidad, una letra cantada enerva sentimientos, vulnera ideales y afecta a principios constitucionales; sin querer, provoca una multitudinaria reacción social en cadena de aquel colectivo aludido. Los consecuencias son nefastas e incluso se encienden odios que generan hechos incívicos como pintadas de rechazo, apedreamientos, etcétera. En democracia, tampoco debe valer todo. No hay que prohibir ni censurar pero sí seleccionar y regular. La libertad de expresión -que no libertinaje- no ha de ser violada por actos extremos que no deberían ser sobrepasados ni siquiera desintencionadamente. Criticar con gracia y salero a un artista, al alcalde o al mismísimo presidente del Gobierno, es lógico y hasta lícito siempre dentro de las formas respetuosas y reglas del juego democrático,criticando al cargo por sus acciones públicas y no a la persona por su vida íntima privada. Pero criticar ideales, preceptos, principios y sentimientos numerosos de colectivos o étnias y religiones, supone una ofensa, una humillación o insulto y agravio aunque algunos no lo vean asi. Y me da igual a quien se ofenda. En este caso ha sido al colectivo musulmán. Mañana podría ser a cualquier otro colectivo y escribiría también en idénticos términos denunciando injusticia. En estos tiempos en los que se caricaturiza a todo, especialmente a símbolos religiosos como el profeta Mahoma, los demócratas hemos de rogar cordura, respeto y moderación por doquier. Si sabemos que tal o cual iniciativa podría causar malestar social en ciertos colectivos, habrá que desestimarla y evitarla. Como dicen los gallegos, 'no meneallo'. No toquemos 'fibra' colectiva porque ésta se revuelve y alza ampollas en la Sociedad. Porque si yo se, que jugar burlescamente con la corona de espinas de Cristo ofendería mayoritariamente a la colectividad católica, reirme de Mahoma en caricaturas fastidiaría a musulmanes o mofarme de otro símbolo de cualquier otra religión va a alzar revuelo; mejor me callo. No me meto en camisas de once varas. No entro donde no me llaman, no provoco nada ni a nadie. Porque, lo que no desees para ti, no lo hagas a los demás. A mi tampoco me gustaría verme y sentirme ofendido como miembro de colectividad. Y tal mentalidad respetuosa ha de ejecutarse reciprocamente por todos, entre todos y para todos.Lo malo es que siempre hay pequeños grupos de elementos extremos que utilizan estas injusticias para sembrar división, ahondar en el enfrentamiento, en la hostilidad, acentuando la discordia. Ignoro que beneficios les reporta pero sí se que tienen intereses ocultos. En el caso que nos ocupa -todo hay que decirlo- un partido intenta obtener notoriedad o mejor dicho, un líder busca protagonismo a costa de la situación. Una situación, que quizá se hubiese solucionado acortando su duración y gravedad con una simple petición de disculpa y perdón hacia el coletivo ofendido por parte de la chirigota en cuestión, del presidente Vivas y de la organización del Carnaval; pero que a algunos 'tirios' y unos pocos 'troyanos' les interesa mantener más tiempo con perjuicio para la imagen de Ceuta. Un poco de cordura, señores.
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