Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 24 de mayo de 2010
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A mi hermano le pego yo
Juan Carrasco

Robin Hood

Soy un firme defensor de la idea de que la palabra "remake", en un altísimo porcentaje de ocasiones, no significa otra cosa que oportunismo y dinero fácil, además de falta de respeto a aquello que copian descaradamente y que jamás igualan. En menor medida, remake significa actualizar una historia que ha envejecido mal y acercarla a las nuevas generaciones, en cuyo caso se hace como mínimo aceptable (en muchos casos incluso necesaria) la revisión. Es por ello que reconozco que al principio, cuando Robin Hood empieza a no tener mucho parecido con lo que uno está acostumbrado a ver, y esperando una copia actualizada de más de lo mismo, te sientes raro y removiéndote incómodo en la butaca; pero luego, cuando te das cuenta de que la cosa no va por esos derroteros y que se trata de una visión completamente distinta de la historia (es lo que tienen los mitos: no se falta a la verdad por verlos de otra forma), te vas relajando, asumiendo la circunstancia y, al menos en mi caso, aplaudiendo no volver a ver las andanzas de Kevin Costner con el pelo más corto y rostro de azote de los romanos (eso sí, la extraña sensación de ver a Gladiator con arco y flechas no te la quitas en ningún momento).

Ridley Scott cuenta nuevamente con Russell Crowe (que realiza cargas a caballo como nadie) para encarnar al famoso proscrito, pero enfocando hábil y arriesgadamente la historia como una precuela del mito clásico, un "cómo se llegó a la vida al margen de la ley", relatando algo distinto y dejando a la vez la puerta abierta a una larga y económicamente suculenta saga. Dejando aparcadas para un futuro las escaramuzas con el sheriff de Nottingham, el foco de atención se centra en unas islas británicas del medievo en las que la guerra civil es un hecho hasta el momento en que los franceses intentan invadirlos; porque ya se sabe que las guerras fratricidas son secundarias si hay un adversario común contra el que aliarse (ya volveremos a pelearnos cuando les derrotemos). Al espectador francés le habrá hecho poca gracia que sus antepasados sean la novedad en forma de enemigo pero, aunque solo sea por memoria histórica, uno no deja de ver con sorna y cierta sonrisa burlona tanta torta franco-británica por estos lares ibéricos.

En el plantel de esta producción técnica y artísticamente intachable (lo que cabía esperar de tanto medio económico y humano) destacan tras la figura de Crowe que todo pretende abarcar Cate Blanchett con su habitual poder interpretativo y esa profunda mirada azul en el papel de Lady Marion, así como Willyam Hurt (Canciller), Eileen Atkins (Leonor de Aquitania) o Max Von Sydow aportando su experiencia al personaje de Sir Walter Loxley; todo un lujo.

Si de algo podemos acusar a la producción para que no alcance cotas sobresalientes es de cierta frialdad que parece heredada, al igual que el vestuario, de la desastrosa El reino de los cielos. De todas formas, que Sean Connery, Morgan Freeman o Errol Flynn me perdonen, lo he pasado muy bien revisionando un trozo de mitología británica, seguramente la más rica del mundo.

Dirección: Ridley Scott. Duración: 141 min. Intérpretes: Russell Crowe (Robin Longstride), Cate Blanchett (lady Marion Loxley), William Hurt (William Marshal), Mark Strong (Sir Godfrey), Oscar Isaac (príncipe Juan), Danny Huston (Ricardo I), Eileen Atkins (Leonor de Aquitania), Max Von Sydow (sir Walter Loxley), Kevin Durand (Little John), Matthew Macfadyen (sheriff de Nottingham). Guión: Brian Helgeland; basado en un argumento de Brian Helgeland, Ethan Reiff y Cyrus Voris. Producción: Brian Grazer, Ridley Scott y Russell Crowe. Música: Marc Streitenfeld. Fotografía: John Mathieson. Vestuario: Janty Yates.

Puntuación: 7

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