Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 5 de abril de 2010
BLOGS
Una pizca de sensatez
Juan Carrasco
El año pasado irrumpió Avatar con suma fuerza en un panorama cinematográfico extremadamente necesitado de emociones. Ciertamente supuso una puerta abierta con un futuro lleno de posibilidades. James Cameron ha hecho historia con su cinta al ser el primer trabajo en carne y hueso rodado con intereses en el suculento mundo de las tres dimensiones. Gastándose un capital obsceno en su elaboración (fundamentalmente en el aspecto técnico), que ha resultado una magnífica inversión, puesto que ha devuelto con creces ese montante y mucho más tras un éxito abrumador, la película mira de reojo también a un guión atractivo aunque simplón que da lo justo como para que podamos tener los ingredientes mínimos para un rato de diversión casi garantizada. Sin embargo, la emoción se empezó a apoderar del personal, ávido de algo que idolatrar en la gran pantalla, y los rumores de maravilla de la técnica que iba a dejar a Titanic pequeño en el podio de los Oscar fueron tan irremediables como desmedidos. Ciertamente fue archinominada, y además de llevarse supuestamente de calle toda estatuilla dorada que se pusiera a tiro, también iba a arrasar en los EMI, los Grammy y hasta en los Maritoñi; a partir de este hecho casi bíblico que es el estreno de la genialidad de Cameron poco menos que íbamos a tener que acostumbrarnos a ver a Matías Prats o a Pocoyo con gafas 3D. Todo me recuerda mucho a cuando se vendía que el futuro del CD era el Laser Disc... Ya andaba yo dando por sentado que la maquinaria hollywoodiense, ávida de filones de oro que explotar, iba a dar la razón a los impresionables, pero llegó el día de la entrega de los Oscar y al final acabó ganando una película mucho mejor que Avatar, lo que ponía un toque de sensatez ante tanto desenfreno. Ni siquiera arrasaron los aliens azules en el campo técnico (al final se llevaron un total de 3, todos en el ámbito visual), porque el terreno de sonido también miró hacia otro lado (con Bigelow habían topado). Y no es que me alegre yo de las desgracias ajenas o no quiera reconocer méritos evidentes, que fui el primero con cara de niño pequeño ante la pantalla con las gafas 3D puestas, pero hay que ser un pelín más cauteloso a la hora de hablar de obras maestras, y lo mismo que el 3D es una posibilidad (aún no una certeza) de futuro, la esencia del cine sigue estando en que lo que se nos cuente sea interesante, y no simplemente un bonito paquete, aunque sea azul y casi podamos tocarlo...
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