Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 12 de octubre de 2009
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Palabra de Dios
Juan Carrasco

Ágora

Recomiendo a todo aquel que tenga un mínimo interés por esta película que no haga ningún caso a la multitud de opiniones autorizadas, algunas de ellas interesadas en el éxito de la empresa, otras cargadas con grandes dosis de veneno malintencionado y envidioso, y muchas simplemente no coincidentes con aquello que pueda acariciar nuestros intereses cinéfilos. Esta obviedad se hace especialmente notoria en un trabajo complicado y de difícil disección como la última producción de Alejandro Amenábar,  que será injustamente recordada como la película española más cara de la historia (con la no nada desdeñable cifra de cincuenta millones de euros, aunque aún modesta para lo que se baraja en Estados Unidos en su género). Amenábar ha fusionado su pasión por la filosofía y la astronomía con una ambientación incontestablemente ambiciosa, lo que se transforma en publicidad gratuita y presión añadida para el autor. Nada menos que en la antigua Alejandría dominada por Roma y en la que convivían judíos, paganos y recientemente legalizados cristianos, se materializa una historia que se centra en una filósofa, erudita y científica destacadísima (con lo que ya conlleva de interesante la existencia de una figura femenina ilustrada y notable en la época) que se da de bruces con la histórica necesidad del hombre de aniquilar a sus semejantes usando como espada la Palabra de Dios, tenga éste el aspecto que tenga. No se trata de una cinta anti religiosa, anticristiana ni nada parecido como he oído argumentar entre los que quieren hacer sangre; simplemente se trata de una crítica a las sociedades, a las mayorías y a cómo las personas desvirtúan lo que haga falta por miedo o simple beneficio propio: mil quinientos años después, todavía no hemos cambiado.

Quien pretenda asistir a una versión revisada de Espartaco o Braveheart debe saber que los mimbres de Ágora son los del cerebro frente al corazón, y que se trata de una película extremadamente reflexiva e interesante, pero no pasional, por motivos evidentes de coherencia.

Su estética es preciosista, y la ambientación sugiere que no se ha desperdiciado un solo euro del presupuesto, ya que vestuarios perfectos y efectos sobresalientes nos trasladan a la época y el lugar de una manera realmente asombrosa, sin cortarse en planos cercanos ni disimular carencia alguna.

Amenábar compatibiliza el raciocinio con un estilo académicamente impecable, gustándose casi más en el cómo, y aderezado con música y montaje a la altura de la empresa. Y luego está Rachel Weisz. Ella es el eclipse que impide mirar a cualquier otra estrella, porque su actuación es convincente, elegante, sobria, sencillamente lo mejor que le he visto a una actriz que tiene mucho bueno en su oscarizado currículum.

No hace falta señalar a estas alturas que a mí, la propuesta inteligente, perfeccionista e impoluta de uno de los directores con más talento del cine europeo me ha convencido, quizá porque sus argumentos me han llamado la atención, quizá porque da gusto ver a Rachel Weisz literalmente transformada en otra persona, quizá por todo ello; pero si alguna moraleja tiene el asunto, es que nadie debe tomar lo que diga el vecino como dogma de fe, y es por ello que no hay nada más bonito que ejercer tu independencia mental comprobando las cosas por uno mismo. Amén.

Dirección y guión: Alejandro Amenábar. Duración: 141 min. Intérpretes: Rachel Weisz (Hypatia), Max Minghella (Davo), Oscar Isaac (Orestes), Ashaf Barhom, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Omar Mostafa, Oshri Cohen, Samir Samir, Richard Durden. Producción: Fernando Bovaira. Música: Dario Marianelli. Fotografía: Xavi Giménez. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Vestuario: Gabriella Pescucci.

Puntuación: 8

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