Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 2 de marzo de 2009
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Show must go on
Juan Carrasco
El luchador (The wrestler) El luchador ha sido una de las grandes olvidadas (que no la única) en la fanfarria bollywoodiense que se han montado este año los organizadores del tinglado de la gala de los Oscars. La última producción del todotorreno neoyorkino Darren Aronorsky traza la senda de una historia sencilla, pequeña y muy emotiva, por mucho que llamen la atención estas afirmaciones teniendo en cuenta la temática. Rodada con la humildad y honestidad que le faltan a otros productos grandilocuentes mucho más aplaudidos en el pasado 2008 y lo que llevamos del 2009, este magnífico trabajo describe las interioridades emocionales de un veterano profesional de la lucha libre, que ha dedicado su vida a este espectáculo (los mismos personajes de la cinta llaman "show" a los manipulados y exigentes combates más preocupados de entretener que de competir por nada); su cuerpo castigado no aguantará ya mucho más sobre el ring, y sin embargo ese tipo duro está y se siente acabado si no se sigue aferrando a las medallas que tiene esculpidas en la piel en forma de cicatrices, que le permiten recordar con cada codazo o patada voladora que sólo tiene hueco dentro de este teatrillo en el que es un ídolo. Todo se reduce a seguir siendo un mono de feria, pero esto da igual si te aclaman los que te ven sangrar y se te olvida un rato que eres un perdedor al que nadie espera cuando acabes el combate. Para el papel principal se ha elegido (con tanto acierto como riesgo, dada la personalidad del sujeto) a un denostado Mickey Rourke que resurge de las cenizas de los errores de una descerebrada vida de demasiados excesos (hasta para una estrella de cine) y se interpreta a sí mismo reclamando a gritos una segunda oportunidad, que logra por méritos propios gracias al mejor trabajo que ha hecho y que hará en toda su carrera. Y más mérito todavía tiene Marisa Tomei (nominada al Oscar, al igual que el citado Rourke), que se mete en cuerpo y alma (nunca mejor dicho) en la vulnerable piel de una stripper que se cruza en la vida de nuestro protagonista de manera tan natural como atractiva; realiza una soberbia exhibición de sensualidad, humanidad y contención como perfecto complemento que se identifique con el protagonismo de ese muñeco roto en un voraz mundo que le supera que es El luchador. Estamos ante una historia que deja un (gran) poso de tristeza, pero esto es así porque es veraz: un vistazo a las bambalinas del podrido mundo del espectáculo brutal del "todo vale". Y es que siempre se ha dicho que lo triste es más evocador y mueve más sentimientos. Porque si lo que se narra es en carne viva, sin aderezos en forma de preciosos e irreales envoltorios con lacito y mirando de reojo los egos tras una cámara, como es el caso, mucho mejor. Gran película, grandes actuaciones y gran trasfondo: gran y grata sorpresa en unos tiempos que corren en los que la calidad nos la dosifican con un cuentagotas... Dirección: Darren Aronofsky. Duración: 105 min. Intérpretes: Mickey Rourke (Randy Robinson), Marisa Tomei (Cassidy), Evan Rachel Wood (Stephanie Robinson), Mark Margolis (Lenny), Todd Barry (Wayne), Ernest Miller ("El Ayatollah"), Judah Friedlander (Scott). Guión: Robert Siegel. Producción: Darren Aronofsky y Scott Franklin. Música: Clint Mansell. Fotografía: Maryse Alberti. Montaje: Andrew Weisblum. Vestuario: Amy Westcott. Puntuación: 8
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