Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 6 de octubre de 2008
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El final del Indomable
Juan Carrasco

Cuando se apaga la estrella de un mito del cine es como si a todos nos arrebataran un pedazo de patrimonio de la Humanidad. No sé bien cómo empezar a escribirle unas letras de despedida al gran Paul Newman, porque ni el cuerpo me lo pide en estos momentos ni creo que nada que se pueda decir esté a la altura de rendir homenaje a uno de los pocos que se han ganado a pulso el privilegio de que su trayectoria profesional sea recordada siempre. Deberá bastarme el compartir con aquél que lea esto mi tristeza desde el punto de vista del que ama el cine con pasión, y Newman era cine. Suena rarísimo leer "era", pero los ojos azules más famosos de la historia audiovisual se cerraron para siempre víctimas de un cáncer de pulmón a los 83 años de edad y tras una lenta y dolorosa pugna contra la terrorífica enfermedad que no distingue entre rico, famoso, bueno o malo. El actor supo que había perdido la batalla a vida o muerte el pasado mes de agosto, cuando decidió abandonar el hospital donde se encontraba para pasar el tiempo que le quedara en su casa, y morir rodeado de la mayor paz posible y de sus seres queridos. No por esperada la noticia es menos impactante, y la desaparición de uno de los poquísimos artífices de la Edad Dorada de Hollywood que quedaban vivos es motivo de luto mundial para cualquiera que alguna vez haya disfrutado delante de una pantalla de cine o televisión.

Newman cuenta entre sus laureles con 10 nominaciones al Oscar -ganando en una de ellas en 1986 por El color del dinero,  para un total de 3 si le sumamos el Honorífico de 1985 y el Humanitario de 1993-, el premio al mejor actor de Cannes de 1958 por El largo y cálido verano, el Bafta de 1962 por El Buscavidas, y el Oso de Plata del Festival de Berlín de 1994, además de 4 Globos de Oro.

La última vez que se puso delante de una cámara, toda una despedida por la puerta grande, fue en el papel secundario de lujo de la estupenda Camino a la Perdición de Sam Mendes, regalo interpretativo que rubricó con 77 años, por el que fue nominado a un Oscar que se le tendría que haber concedido.

Discreto y comprometido social y políticamente, el actor sedujo a varias generaciones con la fuerza de su mirada y el poderío de su talento encarnando a esos antihéroes pícaros que caían bien y que le sentaban como anillo al dedo.

La gata sobre el tejado de zinc, Éxodo -de Otto Preminger-, La leyenda del indomable, Dos hombres y un destino -junto a su inseparable Robert Redford-, El golpe, El coloso en llamas, El juez de la horca, Veredicto final -de Sidney Lumet-, Cortina rasgada -a las órdenes de Hitchcock-, Harper detective privado o Ni un pelo de tonto, además de las citadas El buscavidas, Camino a la perdición y El color del dinero son sólo ejemplos representativos de la enorme lista de motivos que garantizan el hecho de que una parte de Paul Newman nos sobrevivirá a todos.

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