Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 29 de septiembre de 2008
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Inspiración
Juan Carrasco

Vicky Cristina Barcelona

Barcelona es una ciudad maravillosa, moderna y cosmopolita que, si tienes la suerte de conocer, ocupará una buena porción de tu memoria para siempre. Mucha es la polvareda que esta cinta con desafortunado nombre sioux ha levantado dentro de nuestras fronteras; pero procurando no ser más papista que el Papa (que en España somos una pura queja con patas por definición), y ciñéndome a lo palpable del proyecto, haya o no otros mil intereses por medio -en cualquier película los hay, porque el cine, no lo olvidemos, es un negocio-, Woody Allen se ha rendido a sus encantos. Y se ha rendido hasta el punto de ir mucho más allá de la inspiración, y convertir la capital catalana en un protagonista más, que respira, igual de importante que los de carne y hueso, y cuyo corazón late vigoroso.

Cierto es que Vicky Cristina Barcelona aprovecha la más leve excusa para subirse al autobús turístico y, fotograma a fotograma, exhibir una buena colección de postales -un lujo contar con Javier Aguirresarobe para la fundamentalísima tarea de fotografía, por cierto-, pero no menos cierto es que cualquiera que no viva allí retratará precisamente todos esos paisajes emblemáticos y alguno que otro más para ponerlos en su álbum de fotos. No, no sale ningún personaje que se llame Joan Pere, y el uso de tópicos es (con la elegancia que impide acercarse al abuso) considerable, pero no irritante. Porque la última cinta del cineasta neoyorkino es un homenaje a Europa en general y a España (con perdón) en particular, pero no es una cinta para barceloneses; ni siquiera es una película para españoles, sino algo bastante más amplio de miras y para un público que, entre otras cosas, adora nuestro sol, nuestro vino o esa preciosidad de música que sale de la guitarra española más típica e igualmente hermosa, y que forma parte de una banda sonora deliciosa.  Podemos encontrar, por supuesto, muchísimo más entre las rendijas de esta ciudad tan diferente a todas las demás, pero eso no quiere decir que no podamos enseñar a los que viven lejos el Parque Güell, la Sagrada Familia o el Tibidabo. ¿Y qué narices se pretende que enseñe Woody de Barcelona al mundo?

Allen transforma un argumento simplón en su enésima revisión de las relaciones personales, del amor, del sexo y, por supuesto, mucho más: el director, con notoria amargura se toma, valiéndose de sus incisivos diálogos, la vendetta particular contra su amado Estados Unidos, que ha ido inyectándole el germen del resentimiento mordisco a mordisco. No está nada mal que tanta revuelta quepa dentro de un argumento simplón, ¿verdad?

Del envidiable reparto hay que decir que destaca la materia prima patria: Javier Bardem, que va claramente de menos a más en el transcurso del metraje, interpreta a un bohemio pintor, macho ibérico seductor, cuya inspiración es una Penélope Cruz en plan estelar sin la que no puede vivir, pero que tiene un carácter de toro bravo que le hace la vida imposible, además de arrancar la sonrisa del espectador con sus esperpénticos cabreos. El cuarteto amoroso es completado por Rebecca Hall y la languidez de Scarlett Johansson (ha tenido mejores actuaciones) como Vicky y Cristina respectivamente.

En resumidas cuentas, un Woody Allen (en su faceta más intermedia entre la comedia y la tragedia vital-existencial) a la europea que vuelve a contar la historia de siempre, pero que vuelve a lograr que no debamos perdérnosla, y que no parezca que ya la hemos visto. Todo un artista.

Dirección y guión: Woody Allen. Países: España y USA. Duración: 96 min. Intérpretes: Javier Bardem (Juan Antonio), Patricia Clarkson (Judy Nash), Penélope Cruz (María Elena), Kevin Dunn (Mark Nash), Rebecca Hall (Vicky), Scarlett Johansson (Cristina), Chris Messina (Doug), Zak Orth, Carrie Preston, Pablo Schreiber. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Vestuario: Sonia Grande.

Puntuación: 7

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