Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 14 de abril de 2008
 BLOGS
¿Puede morir el cine?
Juan Carrasco
Vaya racha que llevamos. Últimamente parece que cada vez que me pongo ante el ordenador es para escribir una necrológica. Pero ha muerto Charlton Heston, querido, odiado y leyenda histórica (nunca mejor dicho) del cine. Heston, que llevaba muchos años con complicaciones en su salud, ha fallecido el día cinco de este mes de abril, dejando un épico legado en cinemascope.

Imagen por antonomasia del cine histórico y (sobre todo) bíblico, John Charles Carter (así se llamaba) pasó a formar parte de los elegidos con su interpretación en Ben-Hur, que le valió un Oscar en 1959. A la dura pugna que su mermada robustez tenía con el Alzheimer, que anunció públicamente en 2003, se unen las inclemencias de la edad, una operación quirúrgica para reemplazarle la cadera en 1998, y ese mismo año un cáncer de próstata que logró superar. Sin embargo, los dioses no han logrado llevárselo al Olimpo del cine hasta la edad de ochenta y cuatro años.

Bien podría valerle como epitafio "sólo me arrebatarán mis armas de mis manos muertas y frías", una de sus frases más famosas, que hacen referencia a su activísima "militancia" en la Asociación Nacional del Rifle (ANR). Es por ello la polémica que siempre llevó consigo, al ser un firme defensor de aquello de que cada estadounidense pudiera ir por ahí armado hasta los dientes si le venía en gana. Esas debatibles ideas fueron las que propiciaron también que Michael Moore lo utilizara de forma involuntaria en su aclamada Bowling for Columbine, hecho de dudosísimo gusto, ya que el director aprovechó el notorio Alzheimer de Heston para añadir "pólvora" a su discurso.

El caso es que, terrenos personales más o menos aplaudibles aparte, ha muerto uno de los pocos mitos del cine de oro que quedaba vivo, y ahí es donde toca plantearse si el cine puede morir. Yo más bien creo que ha muerto un gran actor, pero el cine que construyó va a seguir visitando nuestras pantallas (especialmente en Semana Santa) en forma de Ben-Hur, de Moisés en Los diez Mandamientos, de Rodrigo Díaz de Vivar en El Cid, o de Marco Antonio en Julio Cesar. A la larga lista de grandes actuaciones de Heston tengo que añadir y resaltar los papeles especialmente memorables del detective de Cuando el destino nos alcance, del dueño del circo en El mayor espectáculo del mundo y, claro está, del coronel George Taylor de El planeta de los simios, película de referencia en la ciencia ficción; a modo de curiosidad, sobre este último título hay que comentar que, en uno de sus últimos trabajos antes de retirarse, Heston aparece en el remake de Tim Burton de 2001, protagonizado por Mark Whalberg.

En 2003 recibió de manos de George W. Bush -no sé si el gesto le hace un honor o le pone más en entredicho todavía- la Medalla de la Libertad, el más alto honor estadounidense para un civil. Bush utilizó para el discurso de entrega expresiones como "Sirvió a su país durante la Segunda Guerra Mundial, militó por el movimiento de los derechos cívicos, dirigió un sindicato y defendió vigorosamente la segunda enmienda de la Constitución estadounidense, que garantiza el derecho de los ciudadanos a tener un arma". Que cada cual saque conclusiones, pero que nadie dude de que para el cine en el sentido mas estrictamente artístico y genérico, la desaparición de este hombre es motivo de riguroso luto por lo mucho que le aportó, y es eso que aportó lo que nunca podrá irse con él a la tumba.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.