Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 17 de marzo de 2008
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Rewind
Juan Carrasco
Con este thriller industrial tenemos el género "peliculilla de intriga y acción" llevado a su máximo exponente. Concebido sin rubor para el entretenimiento barato -dependiendo de la ciudad en la que vivas y lo que cueste allí una entrada de cine- de ese que se digiere mejor con palomitas, En el punto de mira carece de seriedad en su desarrollo y, pese a estar la acción colocada torpemente en Salamanca, parece específicamente destinada al público menos exigente de Yankilandia. Y digo que la ambientación es torpe, porque la película se ha conocido en España por haber reconstruido parte de la ciudad castellana en Méjico con escenarios de cartón piedra, pero los extras también parecen ser mejicanos, e igualmente de cartón piedra. Y eso no es falta de recursos, sino de cultura. Pero imaginemos que la acción sucede en otro sitio, porque no tiene sentido darle más vueltas a esta batalla perdida: la impresión de la primera media hora es de que todo tiene posibilidades de mejorar para el espectador cuando se vaya descubriendo el pastel de la conspiración para el asesinato del presidente de Estados Unidos en una cumbre internacional, con lo que la sensación de decepción es mayor que cuando te ves venir el pestiño desde el comienzo. Parece interesante el planteamiento de repetir una y otra vez la escena del atentado desde el punto de vista de cada protagonista, y añadiendo algo más de información en cada nueva visión, pero esta idea queda disuelta en la falta de solvencia narrativa, porque los datos desconocidos que se van sumando a la trama con cuentagotas son poco trascendentes, y el asunto se resume en asistir insistentemente al mismo suceso filmado desde cámaras distintas, con unos protagonistas de plástico y un argumento, cuando menos, poco creíble. Así que la sensación de "rewind" acaba poniendo de los nervios al más pintado, que poco a poco va deseando saber qué ocurre después de la dichosa escenita repetida hasta la saciedad, y termina ansioso simplemente de que se acabe la película, dando igual ya el final que, por otro lado, no aporta mucho. El conocido reparto se erige como principal abogado de la producción, pero como todo buen abogado, sabe ser tramposo, porque Forest Whitaker tiene un personaje absurdo, Sigourney Weaver no sale más que unos escasos minutos, y tres cuartos de lo mismo en el caso de nuestro Eduardo Noriega, que podría haber tenido mejor entrada en el mundo hollywoodiense. Así las cosas, el peso del casting recae en el veterano Dennis Quaid, que encaja bien en el traje de guardaespaldas del presidente, pero que nunca ha sido un dechado de expresividad. Los momentos delirantes vienen con las persecuciones de coches por las calles de Salamanca como si fuera Los Ángeles, el servicio secreto estadounidense campando a sus anchas por España como si tuvieran jurisdicción (tiroteos incluidos); y la repanocha, cuando sacan a un tipo de su coche para usarlo "en nombre del servicio secreto", limitándose el dueño del vehículo a salir y quejarse levemente: se nota que no han estudiado mucho el hábitat, porque un español permite que le extirpen un riñón antes que dejar que le requisen el coche. Semejante candidez provoca que no se pueda evitar la sonrisa condescendiente entre explosión y cara de duro de la sucesión de fantasmadas con denominación de origen de esta prescindible película. Dirección: Pete Travis. Duración: 90 min. Intérpretes: Dennis Quaid (Thomas Barnes), Matthew Fox (Kent Taylor), Forest Whitaker (Howard Lewis), Sigourney Weaver (Rex Brooks), William Hurt (presidente Ashton), Bruce McGill (Phil McCullough), Ayelet Zurer (Verónica), Edgar Ramirez (Javier), Eduardo Noriega (Enrique), Saïd Taghmaoui (Suarez), Zoe Saldana (Angie Jones), James LeGros (Ted Heinkin), Richard T. Jones (Holden). Guión: Barry L. Levy. Producción: Neal H. Moritz. Música: Atli Örvarsson. Fotografía: Amir Mokri. Montaje: Valdis Óskarsdóttir. Puntuación: 4
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