Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 14 de enero de 2008
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¿Quién pone la voz?
Juan Carrasco
Desde siempre el trabajo del doblador ha sido completamente ninguneado, y es más que justo reconocer la labor de unos profesionales que nos permiten entender películas de cualquier parte del mundo. Por lo tanto, es una obviedad resaltar la necesidad e importancia de estos "trabajadores de trinchera" de la industria cinematográfica. Salvo raras excepciones como la de Joan Pera, voz en nuestro país de Woody Allen -al que el genial director saca en su último trabajo, rodado en Barcelona, en agradecimiento a los servicios prestados-, nunca se harán populares ni ricos gracias a este trabajo, y encima tienen que aguantar la reiterada intromisión de "famosetes" (especialmente en las cintas de animación). En realidad, más que intromisión es imposición con calzador de los productores, que piensan que así la película tendrá más gancho comercial. Porca miseria...

Hasta el mismísimo gorro de gente ejerciendo su trabajo sin tener ni idea, los dobladores, de lo mejor de la industria del cine de casa y de Europa en su profesión, han unido sus archifamosas voces sin rostro y han hecho reiterados llamamientos y peticiones oficiales.

Lo mejor es, sin lugar a dudas, saber idiomas o echarle paciencia a los subtítulos de los DVD para apreciar a fondo una interpretación con su voz original, pero para andar por casa entreteniéndose suena a chorrada algo que no sea oír a los intérpretes en tu idioma, por lo que habría que hacerles algo más de caso y evitaríamos las aberraciones no profesionales que hacen peores muchas películas (un buen doblaje consiste en pasar desapercibido, y un mal doblaje deja un film en la mitad porque te saca de ambiente una y otra vez: así de injustamente poco reconocido e importante es este oficio).

 

Algunos ejemplos de los más buscados con el cartel de "vivo o muerto" por parte de este gremio son los de Verónica Forqué (hay que ser iluminado para poner la voz de esta mujer en boca de alguien que no sea ella), Santiago Segura, Carlos Latre (éste es reincidente), Fernando Tejero, Natalia Verbeke o los casos de Antonio Banderas (antes de aprender el oficio) e Inés Sastre doblando sus propias voces en interpretaciones suyas en otro idioma (para el recuerdo quedan remiendos como Two much o Druidas...).

Una buena voz se hace eterna, y si no, que se lo digan a los que prestan la suya en España a los personajes de Los Simpson. Qué español podría imaginar a Humphrey Bogart o John Wayne con otra voz distinta a la de José Guardiola, o Clint Eastwood y Darth Vader sin la de Constantino Romero; y qué decir de casi cualquier personaje de los que ha interpretado Bruce Willis sin ir unido irremediablemente a Ramón Langa, su doblador de toda la vida...  Ante estos argumentos, sólo me queda decir: ¡no nos mires, únete! No al famoseo fuera de sus lugares de influencia, y un sitio en los títulos de crédito de la película que doblan en el país de destino como mínimo para estos artesanos del idioma.

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