Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 19 de noviembre de 2007
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Vértigo
Juan Carrasco
El Síndrome de Casandra, a grandes rasgos, consiste en conocer el resultado de algo y no poder evitarlo. Por ello da nombre a la última película de Woody Allen, con un argumento con final shakespeariano inevitable (por algo es su segundo trabajo en Londres; definitivamente parece haber emigrado de yankilandia, mejor para él). También le viene al pelo la definición a lo que le ocurre a todas las cintas del genio neoyorkino: siempre tan adoradas por sus fieles como repelidas por sus detractores (igual de fieles, con premeditación y alevosía). Pero con esta cinta ha sido especialmente significativa la división sin medias tintas entre los que creen que no llega ni al nivel de mediocre y los que, como yo, opinamos que está en plena forma. El propio autor ha contado que, cuando escribía antes, sólo le salían bromas, pero ahora que es más viejo también le salen dramas. Y a fe que le salen. Que un tipo de más de setenta años sea capaz de la profundidad intelectual que despliega cada minuto del metraje de esta cinta merece descubrirse y reconocerle que está hecho un chaval... Sin andarse por las ramas construye el bueno de Woody un relato sobrio y efectivo, muy del estilo de esa contundente obra maestra llamada Match point, de la que está sólo a un escalón de distancia, un viaje por el verdadero interior de las personas que él sabe hacer como pocos, colocando el acento en las debilidades y las tinieblas que envuelven el alma del ser humano. La cinta no está carente de momentos de emoción -aunque alguno de bajón de ritmo también tenga, todo hay que decirlo-, de economía de frivolidades que no sean importantes para el film, de buena música que acompaña este estilo tan teatral de contar tragedias (mejor que dramas) en la gran pantalla y, por supuesto, de la compañía de grandes estrellas que rebajan su caché por tener en su currículum "haber trabajado con Woody Allen". El irlandés Colin Farrell y el escocés Ewan Mc Gregor interpretan notablemente -yo destacaría, si hubiera que hacerlo (porque ambos están estupendos), a Mc Gregor, ya que realiza un papel mucho menos agradecido y contenido, destacando igual que el de Farrell- a un par de hermanos de clase media-baja, ludópata e histriónico el primero, don nadie con aspiraciones de grandeza el segundo, que piden ayuda económica a su tío (Tom Wilkinson) para salir de un bache. Éste no les negará "la lealtad familiar", pero a cambio les pedirá que hagan por él algo terrible que les costará más de un ataque de vértigo, bastantes dolores de cabeza y puede que incluso la autodestrucción. Como el propio síndrome de Casandra prevé, la cosa se va complicando por momentos, sin poder nadie, incluyendo los mismos interesados, cambiar el predeterminado destino. Allen, al estilo del mejor Hitchcock, lleva portentosamente de la mano a espectador y protagonistas a explorar con crudeza y sin edulcorantes la frontera entre lo que el hombre puede llegar a hacer por su propia supervivencia o por lograr lo que ambiciona y dónde están los límites que impone la conciencia. Feliz reflexión. Dirección: Woody Allen. País: Reino Unido. Duración: 108 min. Intérpretes: Ewan McGregor (Ian), Colin Farrell (Terry), Tom Wilkinson (Howard), Hayley Atwell (Angela), Sally Hawkins (Kate), John Benfield (padre), Clare Higgins (madre), Ashley Medekwe (Lucy). Música: Philip Glass. Fotografía: Vilmos Zsigmond. Montaje: Alisa Lepselter. Vestuario: Jill Taylor. Puntuación: 7
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