Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 12 de noviembre de 2007
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The Punisher
Juan Carrasco

Shoot 'em up

Aunque los orígenes del protagonista de esta cinta se parezcan mucho a los del esperpéntico "Punisher", ya quisiera esta última tener algo en común con los fundamentos técnico-artísticos, la plasticidad y el dinamismo de Shoot ‘em up -que viene a ser en español algo como "dispárale a todo el mundo": puñetera manía de no traducir los títulos cuando es conveniente y al revés...

El éxito del trabajo del director, Michael Davis, reside en la claridad de ideas con la que está concebido: sin ser una comedia, exagera al gran héroe americano de acción de una manera descarada, fresca, original y muy, muy divertida. La deliberada flaqueza argumental deja paso a una vertiginosa sucesión de poses y chistes de tipo duro del personaje principal, a coreografías supersónicas que suplen ordenador por inteligencia (de lo mejor que he visto en los últimos tiempos dentro del género), y sobre todo a muchísima violenta adrenalina sin traspasar la frontera del buen gusto y al más puro estilo tarantiniano, salvando todas las distancias. Y no es la violencia justificada (algo más complicado de alcanzar de lo que parece) lo único de este film que nos recuerda a Quentin Tarantino, ya que el principal mandamiento para lograr que semejante desfile de fantasmadas no den la pena que dan las fotocopias con silicona y pistola que se nos plantan en el cine cada año, es el de nunca, bajo ningún concepto, tomarse en serio a sí misma. Desde la más demencial irrealidad, uno va soltándose, olvidando clichés a costa de reírse de ellos y acaba pasándolo en grande con semejante efectividad visual.

El realizador regala a la estética de la película  un aire moderno que carga de vitalidad a las imágenes, pero con el respeto que merece el público en lo que se refiere a las escenas de acción, alejándose de tendencias pretencioso-innovadoras, en las que los veloces e incoherentes giros de cámara llegan a desesperar y uno no sabe si está viendo un peroné, un puño o una metralleta.

Un Clive Owen cuya carrera avanza viento en popa interpreta a "Smith" -otra de las genialidades de esta obra: la minimalista forma de suprimir detalles que no aportan nada-, un tipo del que poco se sabe y se sabrá a lo largo del metraje, a excepción de que es una mala bestia de combate y que come zanahorias constantemente. Dicho personaje se ve arrastrado fortuitamente hacia una batalla campal en los bajos fondos con unos hampones que intentan (y logran) asesinar a una joven que acaba de dar a luz. Tras salir indemne del peligro y rescatar al bebé de la chica va a reclutar a una prostituta interpretada por la voluptuosa (e intrascendente) Mónica Bellucci para que le ayude a cuidar de la criatura mientras él va eliminando a sus violentos enemigos como si de un videojuego se tratara, pero con clase. Quien parte el bacalao, o al menos lo parece, entre los adversarios del inmutable Smith es Paul Giamatti (Entre copas, El ilusionista, La joven del agua); curiosamente un actor atípico para un personaje típico, lo que añade un toque distinto, aunque no acabe de vérsele cómodo.

Con todo, las situaciones, los diálogos y el transcurso de la acción están en Shoot ‘em up muy por encima de su reparto. Es una manera de hacer cine como otra cualquiera. Quien se siente en la butaca sin pretensiones ni ideas prefijadas -la complicidad del espectador es fundamental en esta gamberrada cinematográfica-, lo pasará mucho mejor. Palabra.

Dirección y guión: Michael Davis. Duración: 86 min. Intérpretes: Clive Owen (Sr. Smith), Paul Giamatti (Sr. Hertz), Monica Bellucci (DQ), Greg Bryk, Stephen McHattie (Hammerson), Ramona Pringle. Música: Paul Haslinger. Montaje: Peter Amundson. Vestuario: Denise Cronenberg.

Puntuación: 7

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