Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 8 de octubre de 2007
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El ruso impasible
Juan Carrasco

Promesas del Este

Quién me iba a mí a decir que me quitaría el sombrero ante un trabajo de David Cronenberg –con adoradores y detractores por igual (obviamente, yo me encontraba hasta hoy entre los segundos)-, el mismo que firma películas como La zona muerta, La mosca o Crash (no confundir con la oscarizada homónima de Paul Haggis); el cine de Cronenberg ha retratado verdaderas odas al sexo gratuito y a llevar impermeable al cine para no mancharse con el baño de sangre y vísceras hiperrealista, hiperdesagradable e innecesario que desfila ante nuestros entornados ojos. Y en Promesas del Este tampoco se corta un pelo con escenas de violencia a veces suavizables, a veces idóneas para un entorno tan salvaje como el de los bajos fondos londinenses, pero se encuentra el realizador en una favorecedora madurez cinematográfica (a lo Almodóvar desde La flor de mi secreto) que ha construido una gran película de crímenes, realidades ocultas y personajes con fondo y forma.

Se trata de la historia entrelazada en Londres de Nikolai (Viggo Mortensen), el chófer con aspiraciones a más de una poderosa familia del crimen organizado de Europa del Este, y de Anna (Naomi Watts), una comadrona que se topa en el  hospital en que trabaja con la muerte de una joven desconocida mientras da a luz, y pretende localizar algún familiar del recién nacido con la única pista de un diario escrito en ruso y la tarjeta de un restaurante que encuentran en la ropa de su malograda madre.

El elenco, estupendamente escogido y en enorme sintonía entre ellos y con el director -se palpa una gran dirección de actores-, lleva sin eslabones débiles el peso dramático del film. Viggo Mortensen, asustando impasible e imponente con sus tatuajes, sus gafas negras y cara de tipo duro de los de verdad, da con este trabajo el salto de calidad que se venía mereciendo hace tiempo, mientras Naomi Watts torna en atractivo e imprescindible al personaje menos jugoso de la trama. Por otro lado, Vincent Cassel borda un secundario con vocación de protagonista como el inestable borracho y atormentado hijo del patriarca mafioso, papel este último que, por cierto, se antoja el mejor del film; bajo el aspecto angelical del anciano propietario de un restaurante caro, el actor Armin Mueller-Stahl (La caja de música, Utz, La verdad oculta) esconde un cabronazo despiadado y sin ningún tipo de problemas de escrúpulos o conciencia, un tipo que es el jefe de uno de los más temidos y poderosos tinglados mafiosos y se lo ha ganado a pulso, un tipo tan bien llevado a nuestras retinas que el espectador sin dudarlo va a despreciarle profundamente, olvidándose de su aspecto inofensivo y del actorazo que hay bajo la máscara.

La película atrapa desde el primer momento, y el justificadamente pausado desarrollo de los acontecimientos está compensado de forma magistral con la escasa duración del metraje y el devenir de cada uno de los hechos reveladores en su justo momento. Después de visionar este ejemplo de vitalidad y fuerza me reafirmo en la idea de que Infiltrados, encumbrada como la película de crimen del siglo, fue enormemente sobrevalorada el año pasado, y Scorsese premiado con el Oscar, más que por esta realización, por toda su trayectoria y por su largo historial de falta de reconocimiento que la Academia de Hollywood siempre tuvo con él…

Dirección: David Cronenberg. Duración: 100 min. Intérpretes: Viggo Mortensen (Nikolai Luzhin), Naomi Watts (Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Mueller-Stahl (Semyon), Sinéad Cusack (Helen), Jerzy Skolimowski (Stepan). Guión: Steve Knight. Música: Howard Shore. Montaje: Ronald Sanders. Vestuario: Denise Cronenberg.

Puntuación: 8

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