Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 3 de septiembre de 2007
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La fiera de Kate
Juan Carrasco
En términos cinematográficos, hablar de Katharine Hepburn es hablar de palabras mayores. Se encuentra en el selecto club de las más grandes. Yo me atrevería, con el permiso de Meryl Streep (con la que se llevaba fatal, por cierto), a ponerla incluso en cabeza de semejante club, aunque sobre gustos ya se sabe… Coetánea del gran John Wayne, el pasado mes de mayo (el día 12) también habría cumplido cien años, pero se nos privó de su arrolladora fuerza vital en 2003, lo cual quiere decir que vivió nada menos que 96 años; fue obstinada hasta para resistirse a la muerte, habría dicho seguramente su amigo y también uno de sus directores favoritos George Cukor, que la conocía muy bien. Kate nació en el seno de una familia liberal de clase alta, y la educación que se le proporcionó ya siempre iría con ella y sus convicciones. Fue enemiga acérrima del glamour hollywoodiense y firme defensora de los derechos de la mujer. Por su “alergia” a los eventos publicitarios fue catalogada como imagen poco saludable para la promoción, y fue rechazada para papeles como el de Scarlett O’Hara de Lo que el viento se llevó. Se la conoció por su enorme temperamento y físico alejado de los cánones de belleza de la época. Curiosamente, la debilidad de una de las mujeres más independientes de su generación residió en un hombre: se enamoró sin remedio de Spencer Tracy, con el que vivió desde 1940 una vida intensa pero agridulce, ya que nunca pudieron contraer matrimonio debido a que él estaba casado –ella estaba legalmente separada desde 1934–, y sus “convicciones religiosas” le impedían el divorcio; aquello la hizo infeliz el resto de sus días. A lo largo de toda su carrera recibió 12 nominaciones al Oscar a la mejor actriz principal, ganando 4 de ellos por sus papeles en Gloria de un día, El león de invierno, El estanque dorado y, ya visiblemente aquejada del parkinson que la acompañó más de treinta años, Adivina quién viene esta noche. Ésta sería la última colaboración con su amado Spencer Tracy (hicieron ocho más), y también el último trabajo de él, que murió poco tiempo después. Por eso Kate nunca quiso ver como espectadora la magnífica película de Stanley Kramer. Además de con Tracy, tuvo una sintonía perfecta en la gran pantalla con grandes monstruos como Cary “el galán” Grant en cintas como Historias de Filadelfia (también con James Stewart) o La fiera de mi niña, el antes citado John Wayne en El rifle y la biblia o Humphrey Bogart en la inolvidable Reina de África. El día que Katharine Hepburn murió, las luces de todos los teatros de su querido Broadway se apagaron durante una hora en su memoria: había muerto una relevante figura, una gran personalidad y un enorme carácter, pero sobre todo, había muerto la mejor de las actrices que muy probablemente por allí han pasado.
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