Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 28 de agosto de 2007
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Perra vida
Juan Carrasco
En estos momentos debería estar escribiendo un artículo sobre cine, pero me siento incapaz de pensar en asuntos tan triviales. Acabo de enterarme del fallecimiento de Antonio Puerta, el jovencísimo futbolista del Sevilla, después de tres días de feroz lucha contra la muerte (si de verdad es posible luchar), aquejado de múltiples problemas orgánicos sin vuelta atrás provocados por una serie de insistentes y gravísimos fallos cardíacos. Hace tiempo que no dedico unas líneas a algo extranjero al séptimo arte, y siento muchísimo haber 'roto mi silencio sobre actualidad' en estas circunstancias, pero como ya he mencionado, me siento triste, impactado, incapaz de pensar ahora en otra cosa, y con la necesidad de compartir mi frustración. En la vida, que a veces se empeña en despreciarnos, se dan injusticias de este tipo a cada minuto en todo el mundo, y que la persona que la sufra sea pública no le hace más importante que al resto; sin embargo, es innegable que alguien conocido logra un despliegue mediático que nos hace reflexionar y reparar en lo frágiles que somos, y lo ignorantes, a la vez, de que el engranaje más pequeño que le falle a nuestro reloj nos puede endosar el adiós muy buenas, gracias por haber participado. Y todo ello sin permitir un segundo para arrepentirte de las estupideces que te han preocupado o de alegrarte de la buena gente que has conocido y que te ha querido: de haber vivido, en resumidas cuentas… Antonio Puerta tenía veintidós años, iba a ser padre dentro de mes y medio, había estrenado internacionalidad con la selección española y se estaba merendando el mundo del fútbol, erigiéndose como una de las mejores zurdas de España, si no la mejor. Era titular en el carril izquierdo del equipo de moda –sobra mencionar lo tocados que han quedado el club y sus compañeros- y en los últimos dos años había alzado cinco títulos. Seguido por los equipos más grandes del planeta gracias a la habilidad y el descaro de sus regates, un día su corazón decide latir de aquella otra manera, y el ídolo de mucha gente se ve envuelto de frágil humanidad que nos hace sentirnos cercanos y asustados. Por mucho que uno se pregunte si hay derecho a semejantes cabronadas de la vida, que es muy perra y caprichosa cuando le apetece, nadie puede denunciarla por incumplimiento de contrato. De repente siento un frío impropio de día de agosto como hoy, así como un enorme impulso de llamar por teléfono a alguien que aprecie, simplemente por saber qué tal le va. Y también me apetece ser feliz mientras pueda; aunque sólo sea por no faltar al respeto de la memoria de los que ya no pueden…
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