Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 27 de abril de 2007
 BLOGS
Tontos del Culo
Juan Carrasco
Es posible que parte de mi mala baba de los últimos días se pueda achacar a mis propios malos rollos personales conmigo mismo, no eludo la responsabilidad; pero las fechas electorales también influyen, y no puedo evitar convertirme especialmente en un quejica gruñón que intenta flotar como puede en el mar de la machacona propaganda barata y el berrido en la oreja, te interese o no lo que se dice, que se despliega en las campañas electorales de los pesados con corbata y “mire usté” de serie.

¿Es de verdad estrictamente necesario que aquellos que sólo se acuerdan de nosotros una vez cada cuatro años se vistan con sus mejores y más hipócritas sonrisas para vendernos la burra? ¿Hace falta que “empocilguen” las paredes y las calles con carteles de caras con sonrisa forzada bobalicona?, ¿o que nos despierten de la siesta todos los santos días desde un coche con un megáfono recordándonos a quién tenemos que votar? ¿Y qué me dicen de comprar publicidad por mediación de los niños con bolígrafos y pegatinas de colores azules, rojos y verdes chillones que hacen daño al buen gusto?

Los “peces gordos” usan descaradamente a las televisiones (y recíproco) para darse bombo y resaltar lo bien que se hace todo en los últimos tiempos que les ha tocado gobernar, o lo desastre que es todo justo antes de las elecciones, en caso de opositores: mostrarnos, a fin de cuentas, lo más miserable y rastrero de su potencialmente preciosa profesión. Los hermanos pobres hacen lo mismo desde las humildes columnas en los diarios, los blogs –misteriosamente estos días no existe otro tema que arrastrar por el suelo al político que no es de tu partido ni otro titular que el de Vota-Me-, o arremangándose la camisa disfrazándose de persona normal y saliendo a la calle a sonreír y saludar a quien ni siquiera conocen.

¿Merece la pena todo este soberano coñazo que nos dan por un puñado de votos indecisos?; porque, digo yo que a estas alturas del espectáculo, no puede haber mucha gente que no tenga más claro que el agua cuál va a ser el candidato al que voten. ¿O sí? Desde luego algo de eso tiene que haber cuando todos lo hacen y se gastan unos dinerales en octavillas, así que igual sirve para algo y no nos toman por tontos del culo, sino que quizá lo seamos (hablo del general de la población, claro: todos los lectores excluidos, que nada más lejos de mi intención está el insultar a nadie).

El caso es que todavía no hemos pasado lo peor de las municipales, y el año que viene… ¡elecciones generales! ¡Ole, ole! No quepo en mí de alegría. Y lo jodido del asunto es que debemos dar gracias de, al menos, tener derecho a elegir a quienes queremos que nos mangoneen que, a fin de cuentas, y afortunadamente (esto lo digo muy en serio), vivimos en democracia. Si es que me quejo por vicio…

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