Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 13 de marzo de 2007
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Haya Paz
Juan Carrasco
A nadie en nuestro país se le puede escapar la convulsa situación política que estamos sufriendo. Por supuesto, poseo una opinión de la mayoría de los acontecimientos sociales que están cimbreando la estabilidad de la nación, pero eso es otro asunto distinto al que aquí pretendo destacar, y ningún interés tengo de arrojar más madera a ninguno de los dos fuegos nítidamente definidos que dividen en dos a la población. Cada cual tiene todo el derecho y el deber de pensar solito, y muy bien que hace, mientras ello ocurra de manera cívica y responsable.

Lo que sí pretendo compartir por medio de estas líneas es la tremenda sensación de desamparo mediático que se apodera de mí día tras día. Nuestros clase política actual no está a la altura de ninguna circunstancia (mucho menos si ésta es delicada), y si existiera un control de calidad que pasar para gobernar un país, ni dirigentes actuales ni oposición pasarían la ITV…

Quien no está ocupado en ganar las elecciones, se encuentra en la labor de no perderlas y, como siempre, los votantes son los que importan cuando su voto es decisivo, y después, si te he visto no me acuerdo. Toda esta logística en busca de la poltrona se traduce en vergonzosa e indignante manipulación enloquecida y a gran escala, sin ningún tipo de pudor.

¿Es posible que unos medios consideren la manifestación del sábado pasado en Madrid el tema central y casi único de los informativos, y otros lo mencionen de pasada? ¿Nos toman por idiotas las dos partes cuando unos dicen que asistieron poco más de trescientas mil personas, y otros nos cuentan que contaron más de dos millones de almas? Es evidente que esto es una guerra fría –bueno, fría no es la palabra…-, pero hay que plantearse las repercusiones y las consecuencias del intento de manejo cobarde e interesado que se está realizando desde todos lados al posible electorado. El Diario A busca maliciosamente el aguilucho entre la multitud para sacarlo en portada mientras Antena B se apropia de palabras como España o libertad, que son patrimonio de todos.

Ayer se me cayó el alma a los pies cuando vi en un telediario a dos grupos de personas -las reivindicaciones de los segundos pretendían contrarrestar las peticiones de los primeros- gritándose y metiéndose las manos por la cara, en actitud bastante más que acalorada. Y esta imagen sí que no es esporádica para hacer amarillismo. Es lo que se siente ahora mismo en el palpitar de la calle. Que después de tanta penuria histórica y tanto ejemplo de libertad y evolución, nuestro país esta volviendo a estar dividido, entre otras cosas, porque el español es visceral y se le está encendiendo la mecha de manera egoísta e irresponsable. No pretendo dar un discurso apocalíptico y tampoco estoy diciendo que vayamos a acabar otra vez a tiros (los dioses de cada cual nos libren: lagarto, lagarto), pero los golpes entre hermanos duelen más, y las heridas profundas tardan en cicatrizar.

Tengan mucho cuidado, “honorables” señorías, que el asunto se les está escapando de las manos. No fomenten que mañana tengamos que avergonzarnos de nosotros mismos por un puñado de asquerosos votos. Dejen pensar solito al pueblo, opinar con libertad, manifestarse sin que se mire para otro lado, no estar de acuerdo con los que se manifiesten, y sobre todo, sin cataclismos ni aspavientos, déjenlo hablar en las urnas, que es donde se solucionan problemas y se dan y quitan razones.
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