Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 9 de marzo de 2007
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Familia a la Fuga
Juan Carrasco
Es muy frecuente el hecho de tener idealizada una película que viste hace mucho, que con el paso de los años te replantees por qué narices te gustaba, y que ahora te resulte imposible de digerir. Sonríes nostálgico y te avergüenzas del pavo que tenías encima en tus años mozos para que te calara semejante pastelón, o aquella sobredosis de acción con protagonistas hasta las cejas de esteroides y la expresividad de una estatua de cera. Vi por primera vez Un lugar en ninguna parte, del gran artesano Sidney Lumet (Serpico, Asesinato en el Orient Express, El abogado del diablo) cuando no era más que un crío, y se convirtió en una de mis obras-fetiche, muchas de las cuales he ido repudiando por sensatez o vergüenza torera con la edad. Hacía años que me apetecía volver a verla, con la misma intensidad que temía encontrarme con la fría realidad y descubrir una cinta diferente a lo que recordaba; y al fin, el otro día cayó en mis manos. Ahora puedo decir satisfecho que allí seguía el guión del que me enamoré –ganador de un Globo de Oro y nominado al Oscar, pero yo por aquel entonces era muy desconocedor de todo aquello-. Rechinaban vestuarios y cardados de pelo ochenteros, pero me volvió a atrapar la historia de una pareja de idealistas que cometieron un error de juventud en forma de bomba en un laboratorio, que pretendía destruir el origen del napalm que se utilizaba en Vietnam a modo de protesta. Sin embargo, todo se les complicó cuando se enteraron de que un conserje que no debía haber estado allí quedó ciego como secuela de sus irresponsables actos. El resultado de todo esto ha sido vivir desde entonces (más de una década) como proscritos, perseguidos por el FBI y cambiando de identidad y de residencia, de vida a fin de cuentas, cada pocos meses. Tienen dos hijos en común y no piensan pagar su deuda con la sociedad hasta que éstos no dejen de necesitarlos. Ironías del brillante guión, precisamente son esos dos hijos los que más sufren las consecuencias de aquello de lo que ninguna culpa tienen; y es el mayor, de 17 años, encarnado por el malogrado (con sólo 23 años: cochina droga), y automáticamente mitificado, River Phoenix, (nominado al Oscar por esta interpretación) el que se convierte el eslabón débil de la cadena, y plantea el problema de no seguir huyendo y dejar de vivir una vida impuesta e irreal, lo que puede alejarle de su familia para siempre. Ha encontrado la estabilidad emocional (el personaje de Martha Plimpton se encarga de ello), pretende ir a la universidad y todo ello se hace incompatible con llamarse de una forma distinta cada seis meses en una ciudad también distinta. El drama de esta familia de prófugos está muy hábilmente filmado, con sencillez y cercanía, sin exceso de cleenex, y con momentos para el recuerdo como el del encuentro de la madre con su padre “el cerdo capitalista” tras catorce años sin verse, o el estupendo final que me resisto a estropear desde aquí a quien no lo haya disfrutado, aunque adelanto que la escena va de la mano de la estupenda canción de James Taylor 'Fire and rain', que está maravillosamente elegida, se repite en alguna otra secuencia memorable y se convierte en bandera de la interesante y emotiva obra. Así que, como pueden leer, la he vuelto a ver después de tantos años y me he llevado una alegría. El tiempo la ha tratado bien, cosa de lo que no todo ni tampoco todos pueden presumir. Director: Sidney Lumet. Título original: Running on empty. Fecha: 1988. Duración: 116 min. Intérpretes: Christine Lahti, Judd Hirsch, River Phoenix, Martha Plimpton, Jonas Abry, Ed Crowley, L.M. Kit Carson, Augusta Dabney, Steven Hill. Guión: Naomi Foner. Fotografía: Gerry Fisher. Música: Toni Mottola.
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